TRABAJO DE BASE, ¡URGENTE!

FREI BETTO
São Paulo, Brasil

 Si tienes ideas progresistas, aceptas la propuesta del Papa Francisco de buscar un modelo de sociedad postcapitalista y haces de tu vida una opción por los pobres, entonces sabes lo que significa el trabajo de base.

      Si tú, como yo, naciste en un país capitalista dividido en clases desiguales, en el que predomina la ideología de la clase dominante, sabes que ésta ejerce control sobre los medios de comunicación, la educación y las confesiones religiosas. La cultura que se respira en esta sociedad neoliberal es la de aceptar como natural la existencia de ricos y pobres, la supremacía de los blancos sobre los negros, de los hombres sobre las mujeres, etc. 

       ¿Cómo tomamos conciencia crítica? Bueno, un día participamos en un grupo (movimiento social, asociación religiosa, sindicato, partido político, etc.) que nos inculcó una nueva visión de la sociedad. O quizá un profesor de izquierdas nos hizo reflexionar. O leímos a autores críticos con el capitalismo y nos convertimos así en activistas de la liberación. 

       Es un trabajo de base. En Brasil, se intensificó durante los 21 años de dictadura militar (1964-1985), a través de las CEBs (Comunidades Eclesiales de Base), los movimientos populares y el sindicalismo combativo. Los equipos de educación popular se multiplicaron por todo el país para asesorar a estos actores de lucha. Adoptaron el método Ver-Juzgar-Actuar y la pedagogía liberadora de Paulo Freire. 

       Así, las CEBs empezaron a leer la Biblia desde la perspectiva de los oprimidos, lo que dio lugar a la Teología de la Liberación, y en los movimientos sociales y sindicales predominaron las nociones marxistas. Todo este proceso también se vio impulsado por la victoria del heroico pueblo vietnamita sobre las tropas francesas y estadounidenses (1955-1975), el éxito de la Revolución Cubana (1959) y el de la Revolución Sandinista en Nicaragua (1979). 

       En Brasil, miles de activistas se formaron entre los años setenta y noventa, cuando las CEBs actuaban en las favelas, las zonas rurales y la periferia de las grandes ciudades, sembrando las semillas de la resistencia (contra la dictadura), la solidaridad (con los trabajadores en huelga, los presos políticos, etc.) y las conquistas (agua, electricidad, vivienda, transporte, tierra, techo, etc.). 

       De ese trabajo de base surgieron las grandes organizaciones que articulan, movilizan y representan a las clases trabajadoras, como los MST, MTST, CUT, CMP, mujeres, negros, indios, etc. Fue la acumulación de fuerza política a partir de este poder popular lo que condujo al derrocamiento de la dictadura y, en 2002, a la primera elección de Lula como presidente de Brasil. 

       Poco a poco, el trabajo de base fue decayendo. Muchos activistas fueron cooptados para trabajar en organismos gubernamentales (municipales, estatales y federales), a medida que partidos como el PT ganaban un número significativo de votantes. Y casi no se cuidó la politización de las bases. Las CEBs fueron atropelladas por los 34 años de pontificados conservadores de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Y los espacios populares fueron paulatinamente ocupados por fundamentalistas religiosos, narcotraficantes y milicias o grupos paramilitares. 

       Esto explica en parte el declive de la izquierda en América Latina durante la última década y el reciente ascenso de los partidos de extrema derecha. Incluso cuando los partidos progresistas ocuparon los gobiernos, apenas hubo preocupación por educar políticamente de forma intensiva a la población. Mientras tanto, la población sufre deseducación política las 24 horas del día: basta conectarse a las redes digitales o encender la televisión y la radio. 

       Esto me parece el mayor desafío actual: la educación política de nuestro pueblo, a través de pedagogías liberadoras que también sepan lidiar con las nuevas herramientas digitales.