SOBERANÍA ENERGÉTICA POPULAR: NO MÁS FALSAS SOLUCIONES, LA APUESTA POLÍTICA DEL MOVIMIENTO DE AFECTADOS Y AFECTADAS POR REPRESAS (MAR)

MARÍA DE LOS ANGELES PÉREZ Y DEISY AVENDAÑO.
Brasil

La energía es el hilo que teje el entramado de la existencia, un eje que atraviesa todas las esferas de la vida y la sustenta, alienta todas las relaciones en el sistema mundo, vista de esta forma toda acción que la mercantilice va en contra de su esencia, es un derecho que garantiza todos los demás derechos. Desde el Movimiento de Afectados por Represas (MAR) la asumimos como un bien común, un derecho de los pueblos. Su producción, distribución y consumo deben estar contextualizados a las condiciones ecológicas, económicas y socioculturales de cada lugar, con equidad y control popular, es vista como un principio de soberanía. Por eso la proclamamos como escenario ético de nuestras luchas con la consigna:! Mujer, agua y energía no son mercancía!

Pero para ejercer esa soberanía se requiere de diálogo y participación comunitaria, entendiendo que esto implica no solo la presencia, sino también el poder de ser y decidir: qué fuentes de generación de la energía emplear, sus formas, quiénes la producen y para quiénes, así como maximizar su aprovechamiento y minimizar los impactos ambientales; implica autogestión, decisión colectiva y ejercicio democrático, pensar las formas de organización para su producción, políticas que desde la diversidad e inclusión social, beneficien a las mayorías y promuevan solidaridad. Por estas razones, el MAR apuesta por un modelo energético justo y popular con soberanía  que por principios se tenga en cuenta los siguientes aspectos:

  • Priorizar el valor de uso, devolviendo a la energía su esencia primigenia -como capacidad de realizar trabajo- y por consiguiente, dinamizar el desarrollo económico, social. Su construcción “desde lo que existe” en el territorio, y con un desarrollo socio- tecnológico adecuado, dará respuesta al autoabastecimiento energético local, base de una gestión energética de la “descentralización” con “autonomía” y “soberanía”.
  • Potenciar la gestión de las energías comunitarias alternativas desde la justicia de género, respetando los saberes y cultura de los pueblos, con  apropiación de las tecnologías, diversificándolas y teniendo como opción preferencial las fuentes renovables.
  • Integrar la participación de las poblaciones en la toma de decisiones y el control de la energía para garantizar su autonomía y autogestión.
  • Sostenibilidad energética: Las fuentes renovables son el recurso energético que más abunda en la naturaleza, es gratuito y está presente en todas partes. El aprovechamiento de este potencial puede hacer “sustentable” el modelo de desarrollo humano, pues no requiere acabar con los bosques, los ríos y otros bienes naturales,  su “uso racional” y “diversificado” permite satisfacer la demanda “de hoy y la reposición natural de estos recursos para el mañana”, garantizando las condiciones adecuadas para vivir y desarrollarse plenamente.

El metabolismo de las sociedades modernas depende de la energía y las narrativas sobre la transición justa se presentan como voces emergentes, parte de las soluciones falsas ante la crisis civilizatoria actual. Son acciones que promueven, muchas veces, la contaminación o destrucción de un ecosistema determinado, una expresión desarrollista de las trasnacionales y el poder corporativo para limpiar con el manipulado color verde la imagen de sus actuaciones extractivistas. Mucho se habla de cambiar la matriz energética, pero a nuestro modo de ver, la transición justa no puede quedarse sólo en un cambio de matriz energética, sustituyendo la explotación de combustibles fósiles por la de las fuentes renovables, la mirada y el hacer deben estar centradas en un enfoque eco y sistémico, que replantee una verdadera transformación, que pasa por un paradigma de ecología integral, desde el ser, pensar y actuar de forma congruente, que aborde aspectos como la propiedad de la energía, la democratización del sistema para garantizar los derechos fundamentales que deconstruyan la esencia economicista de los mercados de carbono, así como el mito de ver las represas como una solución limpia y sostenible para generar energía eléctrica cuando enmascaran el lucro de las empresas.

Los movimientos sociales vienen impulsando luchas contra las causas estructurales como verdadera transformación energética que implicaría: una reconfiguración de las relaciones de las sociedades modernas con la energía, la desvinculación de la energía con el crecimiento económico y la desmercantilización, el estimular buenas prácticas agroecológicas, una economía solidaria, manejos forestales comunitarios y una gestión ambiental participativa que garantice el respeto a la biodiversidad. Queda claro que no habrá transición justa si el modelo energético es injusto.

La articulación y la unidad de nuestras luchas son elementos clave para nuestros procesos de resistencia antisistémica desde el MAR, así como la formación política en educación popular  ambiental que permita el análisis constante de los modelos energéticos presentes en las coyunturas y realidades de los países, el mapeo de las luchas de cada colectivo nacional que integra nuestro movimiento y la socialización de prácticas de energías comunitarias que se vienen realizando como referentes de aprendizajes emancipadores. Como parte de los desafíos presentes está el continuar  fortaleciendo el tejido del movimiento internacional que apuntan a un horizonte de justicia, disputando  subjetividades e ideologías movilizantes y contrahegemónicas, haciendo realidad nuestra consigna: ! Que se alce el puño, que se alce la mano, que se levante el pueblo latinoamericano!