REINVENTARNOS PARA LIBERARNOS

DIEGO PEREIRA RÍOS
Amerindia-Uruguay

Nos toca vivir un tiempo muy complejo a nivel político. La democracia que nos han enseñado lejos está de ser lo que debería. Las elecciones democráticas se realizan en medio de un clima de desconfianza generalizada, en la cual se nos hace muy difícil creer en la transparencia del sistema. Los candidatos políticos repiten la vieja estrategia de las promesas vacías o, como nueva estrategia, descalifican a sus oponentes con mentiras y acusaciones. El poder político es como un enorme pulpo que nos envuelve y que intenta impedir que veamos más allá de lo que propone. De varias maneras, el sistema busca “adormecer” nuestra conciencia y, mediante la manipulación, quiere que hagamos lo que él quiere, sin dejarnos tantos espacios de reflexión y acción, que podemos crear desde nuestra voluntad de liberación. 

Dos grandes enemigos: la globalización y el mercado

El mundo globalizado falsea nuestra percepción de la realidad. Nos quiere hacer creer que podemos hacer todo lo que queremos, desde la costumbre del uso de nuestros dispositivos tecnológicos desde los cuales podemos viajar o comprar cualquier producto. Esto es parte del juego de poder. Ante ello, el filósofo y educador popular uruguayo José Luis Rebellato, entendía la globalización como un fenómeno que atraviesa toda la vida social, que se nos mete por todos los rincones de nuestra existencia de manera ofensiva y destructiva. Nos quieren convencer de que existe una sola forma de vivir y, seducidos por esa propuesta, descuidamos nuestras culturas y tradiciones de origen. Esta globalización propaga de forma violenta los ideales del neoliberalismo que, cada vez más, ciega la conciencia de la población y condicionan las posibilidades de una real democracia.

Muchos países que se autoproclaman como “democracias modelo”, quieren imponer su política a todos los demás, sin respeto de las diferencias geográficas, sociales o culturales; desconociendo la riqueza humana de cada región. Con ello se sigue violando los derechos básicos de la convivencia democrática. Así es que vivimos en una situación de un mercado capitalista que se hace presente en todo el mundo, y donde el Estado es cada vez más ausente, quedando desprotegidos ante la inhumanidad del mercado. Este mercado capitalista coloca el capital en primer lugar, apostando a un consumismo que divide poco a poco las sociedades, y provoca que la competencia sea cada vez más desleal y asesina. Desde hace años vemos la destrucción de las vidas humanas mediante la esclavitud y hoy somos testigos de la destrucción que le estamos causando a la naturaleza. Cada vez son más grandes los contingentes de personas excluidas que no tienen acceso a entrar en el círculo de producción y sufren el hambre y la muerte prematura.

El ejemplo de los movimientos sociales

Los Movimientos Sociales han tenido un papel fundamental en los cambios sociales de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del siglo XXI. De ellos podemos destacar dos características: su resistencia y su creatividad. La resistencia los hace permanecer en la lucha sostenidos en la claridad y la verdad de sus reclamos, y en la fuerza organizada que hace que se mantengan en el tiempo. La creatividad los ayuda a adaptarse a los nuevos desafíos, reinventando no sólo sus formas de lucha y manifestación, sino sobre todo en lo referente a las metodologías, que implican cambios estructurales en las formas de entenderse como movimiento. Por ejemplo, para lograr la descolonización del pensamiento crítico, se elaboran nuevas ideas y nuevos pensamientos, de manera colectiva y comunitaria, en un modo donde se integran, no sólo la inteligencia racional, sino que también los afectos y sentimientos mediante músicas y danzas, donde los cuerpos también hablan. En este sentido, la creatividad va dando más identidad y fuerza al movimiento. 

Hay esperanza para la liberación

América Latina tiene desde su origen un componente comunitario que debemos recuperar. Somos comunitarios, unidos por la historia de sufrimiento de la colonización y el deseo de liberación. Debemos esforzarnos por conocer nuestra historia, nuestras tierras, nuestras tradiciones, nuestras costumbres y nuestras poblaciones. Recuperar lo que el concepto indígena mexicano del a’iel snopel viene a significar: sentir-pensar-escuchar, como un modo integrado y más completo de comprender la vida humana. De esta manera, desde lo cotidiano, podemos aceptar con humildad la necesidad que tenemos de los que nos rodean, donde en el hacer vamos descubriendo lo que somos y construyendo lo que queremos ser, podemos construir un nosotros más grande y unido. 

Junto con las ideas necesitamos reorganizarnos en una política que debe partir de sentir la realidad, donde el dolor y el sufrimiento son su característica, donde no solo carguemos resignadamente con ella, sino que debemos encargarnos de la realidad (Ellacuría) luchando por otro sistema de vida que nos dé esperanza. Y esta esperanza la construimos desde la resistencia de no dejarnos convencer de que no hay salida. Necesitamos reinventarnos rescatando nuestros orígenes, lo que fuimos y aún somos y proyectarnos hacia un mejor futuro para todos. La esperanza surge desde que vemos la liberación como horizonte posible, como un resorte que nos impulsa a seguir luchando y resistiendo y que se manifiesta cada vez que un latinoamericano toma conciencia de su situación y se opone al sistema.