POESÍA DE NUESTRO ESTILO DE HACER FORMACIÓN
A lo largo de estos 30 años, soñamos en pequeño y soñamos en grande.
Incentivamos luchas en la calle y conspiraciones;
Repartimos canciones y revolución;
hasta creímos en elección.
Tuvimos errores, pero ninguna duda del acierto de la lucha
contra la opresión: ni caridad, ni venganza,
sólo la emancipación de los hombres y mujeres de la clase oprimida.
Aprendimos que, en la vida,
existe sed de pan y de belleza.
Para alcanzarlas es necesario coraje, sabiduría, pasión.
Que el ser humano, hombre o mujer, al rebelarse,
ya comienza a hacer su primera revolución.
Que la educación es anunciar, como en el pasado,
Que, uniendo la fuerza y el pensamiento,
la vida puede ser mucho mejor ¡y será!
Que formar es multiplicar, es problematizar,
es calificar, sin adoctrinamiento, el saber popular...
y junto con ese pueblo, dar un paso adelante.
Que no hay neutralidad en el acto de educar.
Que ser educador es ser ejemplo, semilla,
refejo y espejo de lo que queremos gestar.
Porque lo que no está en la semilla no estará en la planta,
ni en el fruto que ella dará...
Los enemigos continúan implacables,
pero la justicia de nuestra causa y el testimonio de los mártires
laten en nuestras venas, en nuestras mentes y en nuestros corazones.
Por fin, aprendimos que para recrear la vida
y despertar nuevas pasiones, hay que entregarse,
sintonizar lo cotidiano con el sueño
y tener esa loca forma de amar al pueblo.
Sin mística no se puede educar para vivir, para vencer y para ser feliz.
CEPIS