PACHAMAMA NOS SUEÑA DESDE EL FUTURO

VIVIAN TATIANA CAMACHO HINOJOSA
Bolivia

“Ahora sí la historia tendrá que contar con los pobres de América” 

Ernesto “Che” Guevara

El poder colonial imperialista capitalista continua sometiendo brutalmente a los pueblos del mundo; un ejemplo terrible se padece en Palestina; hemos sido testigos de la crueldad sionista, del genocidio transmitido mediáticamente, de los miles de mártires asesinados; los sobrevivientes expulsados de su tierra ancestral. Nos duelen los ojos de tanto llorar por nuestros hermanos y hermanas en todas partes del mundo sufriendo por la injusticia, el odio racista y la violencia.

Vemos cómo ese “sueño americano” en realidad es la pesadilla del mundo; va cayendo porque es un monstruo que devora vidas migrantes, vidas explotadas y traficadas, incluso se devora a sí mismo, actuando contra su propio pueblo en el norte. Los autonombrados dueños del mundo, desde poderosas corporaciones globales y desde las redes sociales; orgullosos se van a pasear a Marte; sin embargo no dudan ni les tiembla la mano a la hora de financiar y promover el odio fascista a nivel mundial. 

Recordemos que los imperios “poderosos”, cometiendo saqueo y genocidio se han enriquecido ilícitamente a lo largo de la historia de la humanidad, han caído uno por uno; cayó Roma, cayeron los reyes supuestamente divinos que extorsionaban y mataban de hambre a los más humildes; de la misma manera estos corporativos caerán sobre los escombros que ellos mismos están destruyendo. Su modelo de vida no es extravagante, es una mofa horrenda de soberbia y banalidad ante los desposeídos del mundo; su ostentación de riqueza y frivolidad les muestra como realmente son; criaturas enfermas de codicia insaciable; no les importa que millones mueran ya sea por hambre, por guerra o enfermedad; mientras ellos saquen jugosas ganancias. Nos ven como daños colaterales; es una guerra sin cuartel sin fronteras contra los millones de pobres del mundo; todos estamos expuestos. Ellos también; porque cuando millones despiertan y sacuden esa injusticia para organizarse y defender sus derechos, sabemos que ellos caerán calcinados por su propia angurria de dinero y poder.

Nosotros los pequeños, salimos cada día a buscar el sustento, a reinventarnos y sobrevivir ante tanto atropello; de las maneras más sorprendentes y valientes emergen propuestas desde la organización popular; desde los territorios, escuelas rurales, radios comunitarias, lugares remotos donde la pobreza es condición común; cada día la población campesina con gran esfuerzo sigue haciendo producir la tierra; maestros y médicos rurales cuidan a la población con lo poco que hay; abuelas y madres continúan con los fogones encendidos elaborando alimentos que nutren el cuerpo y el corazón; como estos hay varios ejemplos que con simpleza y dignidad nos demuestran que es posible transformar la historia cada día, actos sencillos de coraje cotidiano están reescribiendo nuestra historia.

La condena de odio violento a la que nos someten los poderosos, se resiste desde las ollas comunes para compartir humildemente lo que hay, se resiste desde el acto revolucionario del aprendizaje a través de una educación que enseña a cuestionar y no a obedecer, como Paulo Freire nos mostró, todos los conocimientos merecen ser escuchados, todos tenemos algo que enseñar y algo que aprender; este saber construido colectivamente conlleva necesariamente actos tan poderosos y transformadores en sí mismos como: la reciprocidad, el cariño, la ternura, el cuidado, la escucha respetuosa, el abrazo solidario, la palabra honesta que defiende la vida. 

Un ejercicio práctico de descolonización, constituye en retomar y abrazar la espiritualidad propia, esa ancestralidad que está imbuida en cada acto de vivir, recordando que la fuerza de nuestros pueblos reside en la fortaleza espiritual, recordar a los ancestros y su amor sembrado para que nosotros podamos vivir, entonces el acto de agradecer por las vidas que nos precedieron es un acto profundamente rebelde ante un sistema que nos obliga al olvido de quienes somos y de quienes lucharon para que hoy tengamos derechos.

Decimos ¡Basta! Y echamos a andar rumbo a ese horizonte de vida digna de los pueblos del mundo. Merecemos vivir, vivir con amor, vivir con belleza y alegría; con respeto a nuestros derechos, con una vida libre de racismo y violencia; reencontrarnos como humanidad profunda y diversa; esa humanidad que llora y siente dolor de sus hermanos y hermanas en cualquier lugar del planeta, porque somos parte de un mismo tejido de vida. Merecemos recordar que el camino de las estrellas ha sido marcado en nuestros pies desde el momento que nacimos, hemos traído un don especial para compartir con el mundo, algo que amamos profundamente y ese algo embellece la vida, es decir, mi vida y la tuya hacen hermosa la existencia de todo.

Desde la monocultura occidental neoliberal capitalista, se ensalza el dominio de la razón sobre las emociones; personas que por la fuerza de la razón sobreponen su egoísmo y egolatría cayendo en un individualismo autodestructivo; con mentalidad colonial para que el “individuo” tenga la potestad de someter con crueldad para sobrevivir en base a las premisas: “sálvese quien pueda, estoy solo en el mundo”. Para nuestros pueblos queda el fuego vivo de la memoria ancestral, ese recuerdo que ha sobrevivido al genocidio colonial, que nos dice que somos juntos, somos comunidades de vida, nos necesitamos; la vida no es sólo para sobrevivir malamente dentro de una sociedad enferma y decadente, sino que más allá de esto, nuestro camino ha sido sembrado para florecer nuestros dones y nuestro breve tiempo de paso por esta tierra es para que aquello que amamos y soñamos profundamente pueda caminar junto a nosotros. Lo cual en las circunstancias actuales de crisis económica global, a punto de crisis nuclear y en caída de la bestia capitalista que deja muerte por donde pasa; significa amar tanto la vida que con nuestras propias vidas la vamos a defender. 

Y ¿quién puso estos sueños rebeldes e irreverentes en nuestros corazones? Quiero sentir y pensar que ella, la Gran Madre Vida “Kawsay Mama” a través de la “PachaMama”, ella sueña con nosotros y cuando suspira de amor instala esos sueños en nuestros corazones, para recordar que no hay nada más poderoso que el “poder de cuidar y regenerar el tejido de la vida” de todos los seres que compartimos este tiempo espacio. Ella nos sueña y con ese amor de madre nos acompaña a caminar este mundo para que sea como lo soñamos.