LA PARTICIPACIÓN DE LA JUVENTUD EN EL MOVIMIENTO POPULAR COMO FORMACIÓN POLÍTICA
VINÍCIUS BENEDITO MARTINS
Militante de la Consulta Popular, Brasil
Al observar la actual coyuntura político-económica mundial y latinoamericana, la característica más destacada desde el punto de vista de la izquierda es el escenario de profunda derrota al que estamos sometidos/as. Para el análisis específico de la situación en nuestra América, los hitos que delimitan el inicio de este proceso son la pérdida de una retaguardia estratégica para los/as luchadores/as del pueblo latinoamericano, con la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1991, y el avance del imperialismo estadounidense sobre nuestro territorio expresado en las políticas económicas de carácter neoliberal y neofascista, principalmente a partir de la crisis económica de 2008.
Anteriormente ya fuimos considerados uno de los polos más avanzados de la lucha popular en este lado del mundo. Sin embargo, a partir de los dos hitos históricos señalados, nos encontramos en un escenario mucho más fragilizado, ya sea comparado con la coyuntura anterior a los golpes militares que afectaron el cono sur de nuestro continente, o con la ola rosa que alcanzó diversos gobiernos de nuestros países vecinos más recientemente. Actualmente, hasta el tan soñado proyecto bolivariano de integración de nuestra América está fuera de nuestro vocabulario, agenda y programa. Aun así, se nota la fuerza, el vigor y la esperanza de nuestro pueblo, que todavía consigue mantener algunos focos de resistencia al imperialismo estadounidense, combatiendo las políticas económicas neoliberales y neofascistas en países como Colombia, de Gustavo Petro, México, de Claudia Sheinbaum, Cuba y Venezuela.
Ante este panorama, los pueblos del mundo, de forma general, y la izquierda latinoamericana, en particular, atraviesan un período histórico de mucha dificultad. En momentos de reflujo como este, para nuestra supervivencia política y acumulación de fuerzas, la lucha ideológica se sobrepone a la institucional o de masas. Por lo tanto, debe construirse una defensa activa, en la que la educación de nuestro pueblo, la educación popular, comprendida como la relación dialéctica entre los pilares de formación, organización y lucha, debe asumir la centralidad del trabajo político, con destaque al primer elemento.
Si la derrota estratégica afecta a todo nuestro pueblo de forma amplia, la juventud es el sujeto colectivo más afectado por la alianza entre la política económica neoliberal y neofascista, que se da, esencialmente, a partir del eje de la retirada de derechos sociales. Por lo tanto, este sector de la sociedad se encuentra en un período en que la crisis está presente en todos los ámbitos de la vida social, esto es, en la educación, salud, cultura, vivienda, alimentación, medio ambiente.
Dicho esto, ¿qué es, al fin y al cabo, la juventud? Si la juventud es una fase de la vida caracterizada por la confluencia de factores biológicos, ligados al desarrollo de las capacidades humanas, de la misma forma puede ser comprendida a partir de su construcción social a lo largo del tiempo. Teniendo en cuenta que vivimos bajo el yugo del capitalismo, modo de producción cuya contradicción principal se establece entre el capital y el trabajo, fueron las luchas organizadas por la clase trabajadora las que posibilitaron que la juventud fuera un derecho extendido más allá de la burguesía.
De esta forma, la juventud se afirma como un derecho de la clase trabajadora. Un derecho que está siempre alterándose dependiendo de la correlación de fuerzas y, por eso, así como los demás, está bajo una amenaza brutal. En otras palabras, para la juventud de la clase trabajadora, el escenario de derrota estratégica implica la negación del derecho de ser joven – experimentar de forma plena todas las posibilidades y oportunidades de su desarrollo humano, intelectual y profesional. Así, solamente cuando la lucha de los/as trabajadores/as avanza, de manera general, es que el derecho y las condiciones de vida de la juventud también avanzan, en particular.
En síntesis, la unidad política entre las reivindicaciones, demandas y luchas de la clase trabajadora y de la juventud que pertenece a esa clase es intrínseca y la educación popular desempeña un papel central en ese proceso. Solamente con la educación popular guiando la defensa activa necesaria en este momento histórico y desdoblada en formación política, trabajo de base y lucha es que la clase trabajadora y la juventud podrán garantizar su propia supervivencia política y acumular fuerzas para atravesar este período de derrota estratégica.
En momentos históricos de reflujo como el que vivimos, aun asumiendo que la lucha ideológica, la formación política, deba asumir un papel destacado, es evidente que no se pueden separar los tres elementos que, relacionados dialécticamente, constituyen nuestra concepción de educación popular. Por lo tanto, es fundamental comprender la articulación entre los procesos formativos, organizativos y de luchas.
En este debate, también la juventud tiene una acumulación y contribución histórica enormes, ya que el proceso de organización de este sector social, expresado en movimientos populares, es en sí un proceso de formación política. De la misma manera, no solo el proceso organizativo, sino la propia lucha es un proceso de educación popular, ya que los individuos tienen la posibilidad de percibirse como sujetos de su propia historia y elevar su nivel de conciencia política. En otras palabras, la formación política atraviesa de manera transversal tanto el proceso organizativo como el de lucha de los/as jóvenes que, al organizarse y luchar colectivamente, constituyen la escuela de la revolución.
Por último, ante este contexto histórico de derrota estratégica, es urgente que la juventud siga plantando, cultivando y sembrando los procesos de organización y lucha entre sus semejantes, para fortalecer los procesos de formación política, educación popular y lucha ideológica. Esta necesidad no proviene de una mera opinión personal, sino que es lo que la propia historia nos presenta cuando observamos la centralidad que la juventud en formación, organización y lucha tuvo en los procesos históricos de emancipación humana como en Rusia, de 1917, en China, de 1949, en Cuba, de 1959, o en Nicaragua, de 1990.