JUVENTUD Y POLÍTICA: CRÓNICA DE UNA EXPERIENCIA POLÍTICA
GÉNESIS BELÉN HURTADO AGREDA
Cuenca, Ecuador
Me gustan los estudiantes
Que marchan sobre la ruina
Con las banderas en alto
Va toda la estudiantina
Violeta Parra
Esta crónica se presentó en el contexto de educación superior ecuatoriano. Me gustan los estudiantes es una canción de Violeta Parra que me acompañará a recordar esta historia. ¿Más jóvenes en la política o más política en los jóvenes? Esta pregunta abre un debate necesario; primero, la necesidad de motivar a la representación de los jóvenes en la política. En segundo lugar, cómo formar a los jóvenes en política desde las teorías críticas y cómo estudiar a la política más allá de una profesión como acción de servicio a los demás. Según la Organización de las Naciones Unidas, la edad de los jóvenes comprende desde los 18 hasta los 26 años, aunque se considera a adultos jóvenes desde los 25 hasta los 40 años. En el caso de la política, los jóvenes marcan un cambio estructural de la política tradicional y esto se refleja en la estadística en el Ecuador, el 22% del padrón electoral son jóvenes y el 40% de candidatos son jóvenes (CNE, 2025). Los jóvenes han sido capaces de hacer temblar a varios espacios de poder que en respuesta intentan callar dichas voces.
En el 2019, como presidenta de la Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador (FEUE) de una universidad pública en coordinación con los estudiantes de las universidades públicas nos enfrentamos a un gobierno decidido a implementar recortes presupuestarios que amenazaban directamente la calidad y el acceso a la educación pública. Los acuerdos para responder a una política exterior de origen capitalista implicaron una responsabilidad como ciudadanos. Con estas acciones, surgieron movimientos estudiantiles y sociales, llenos de un sentimiento colectivo y resistencia contra la opresión estatal. Las sorpresas no terminaron cuando la universidad pública a la que pertenecí fue epicentro de un momento que atentó a la autonomía universitaria, queríamos elecciones democráticas, sin imposiciones estatales, tener voz y voto. Sin embargo, la transición a un nuevo rector, que prometía un enfoque distinto, trajo consigo una mezcla de esperanza y escepticismo. ¿Cómo podríamos, como representantes estudiantiles, navegar en este nuevo escenario? ¿Era posible equilibrar el bien común con los intereses políticos y personales que a menudo se entrelazaban?
El lema “por la U nadie se cansa” grabado en nuestras voces y corazones fue parte de la consigna de la movilización estudiantil. Nos tomamos la U, la llenamos de canciones y consignas, estuvimos en ese espacio docentes, administrativos y estudiantes acompañados de una noche fría y estrellada. Se sentía la energía y el sentimiento colectivo de pensar en comunidad y no desde un interés individual. Esto evidencia que, la política y los jóvenes, lejos de ser entidades separadas, deben ser vistos como partes de un todo, donde cada uno nutre y fortalece al otro. Esta interacción requiere de una valentía y una constancia que a menudo es subestimada.
En aquella época defendí la visión de lo que la universidad representaba para un contexto ecuatoriano que luchaba por una política de revalorización docente y aquella transformación educativa. Participar en la historia de la universidad y enfrentar los desafíos que ello implicaba, ¿Fue la decisión correcta? Aunque hubo momentos de incertidumbre, en los que el futuro parecía un lienzo borroso, siempre supe que no estaba defendiendo a una persona en particular, sino a un ideal. Esto se reflejó en la lucha por la institucionalización en el año 2020.
Esta experiencia también dejó secuelas, entiendo el miedo y la vergüenza de no querer levantarse de la cama porque existen ataques en redes o en personas con cierto poder. Entiendo que los jóvenes quieran separarse de la política pintada de violencia, eso es a lo que uno se enfrenta, lamentablemente para nuestra sociedad es normal. No lo es. Escuché varias preguntas en mi cabeza ¿Estás conmigo o en contra de mí? ¿Estamos o no estamos en el lado correcto de la historia? Hoy no tengo respuesta, sin embargo, tampoco me arrepiento de haber sido parte de esos días. Aunque es cierto que los sacrificios fueron grandes y las consecuencias, a veces, dolorosas, no cambiaría mi participación por nada. Fue en esos momentos de prueba donde realmente comprendí el significado de la resistencia, del compromiso y, sobre todo, de la transformación personal y colectiva.
Este relato es un llamado a valorar el activismo juvenil en la política educativa y a rechazar la idea de que ser joven equivale a ser manipulable. Los verdaderos protagonistas son los estudiantes que lucharon y creyeron en este proceso, muchos de los cuales hoy contribuyen en diversos ámbitos o buscan empleo. La política ecuatoriana debe transformarse en un proceso más comunitario y formativo, que valore el espíritu de lucha y la visión crítica de los jóvenes para mejorar nuestro sistema político y educativo. Este esfuerzo no solo reconoce su valentía, sino que también busca construir un futuro donde la política sirva genuinamente a la comunidad. Espero que esta agenda inspire a los jóvenes lectores a contribuir a una sociedad mejor, pese a sus temores y con gran entusiasmo.