¡FORMAR MILITANTES, TODO EL TIEMPO, TODA LA VIDA!

JOÃO PEDRO STÉDILE
São Paulo, Brasil

Desde los principios, cuando la clase trabajadora comenzó a organizarse para enfrentar al capitalismo en el siglo XIX, a través de sindicatos, gremios, asociaciones de categorías y partidos políticos, siempre hubo la preocupación de formar militantes para preparar a más gente en la lucha de clases y enfrentar las perversidades e injusticias del sistema capitalista.

A lo largo de esos dos siglos, tuvimos muchas experiencias positivas que multiplicaron militantes, a veces, en las condiciones más adversas de guerras, clandestinidad o regímenes muy autoritarios, que perseguían implacablemente a todos los líderes, militantes y personas organizadas de la clase trabajadora.

Esto se repitió con la clase trabajadora brasileña, cuando salimos del modelo agroexportador esclavista y se introdujo el modelo de producción industrial: en 1917 se realizó la primera gran huelga obrera, que paralizó São Paulo y Río de Janeiro.

¿Qué es formar a un militante de la clase trabajadora?

Es transformar a una persona, un trabajador común, conocedor de la realidad, consciente de las causas que provocan la explotación y las injusticias sociales, y hacer que se organice, organice a otros compañeros y compañeras, para que luchen contra esas injusticias y por una sociedad justa e igualitaria.

Y ese sujeto, al transformarse en militante de la causa, se transforma en el esqueleto invertebrado de la organización social. Los músculos, la fuerza física, es el conjunto de las masas. Son ellas las que tienen la fuerza del cambio. Pero, para que las masas actúen, es necesario el esqueleto, la estructura rígida del organismo que las impulsa. O, si queremos la metáfora usada en el evangelio, los militantes, los misioneros, son como la levadura en medio de la masa, que la hace crecer, tener fuerza, apariencia y convertirse en pan.

Por lo tanto, aprendemos de la historia que, cualquier organización social de la clase trabajadora, para sostenerse y promover la lucha, necesita formar y multiplicar militantes de la causa y de su organización.

 Y, por supuesto, esto se repite en las otras formas de organización de dominación, de la burguesía, y en el aparato ideológico del estado, que también prepara a sus militantes para dominar y mantener los privilegios y la sociedad capitalista.

¿Cómo se forma un militante?

En la experiencia histórica, tenemos muchas enseñanzas que se transformaron en principios formativos. Podemos aplicarlos en los más diferentes espacios y territorios. En un proceso local, en una fábrica, en una comunidad rural, en un barrio, en un sindicato y movimiento popular cualquiera. También en un espacio mayor de un municipio, un estado y a nivel nacional. Son aprendizajes que la clase construyó, que podemos utilizar en todas las situaciones y circunstancias organizativas.

Primero, un militante se forma con la praxis, con la mezcla de teoría, conocimiento científico de la realidad, con la práctica social, la lucha, el enfrentamiento de los conflictos y sus contradicciones. Una condición depende de la otra. Un militante no se forma solo estudiando la teoría. Ni se forma solo en el activismo práctico.

Segundo, la formación implica actividad colectiva, en actuar con el conjunto de la clase, con sus instancias colectivas y en la división de trabajo. El trabajo organizativo, la división de las tareas, de las misiones entre los militantes, también es un elemento formador de su conciencia y de su compromiso.

Tercero, educar nuestro comportamiento basado en los valores civilizatorios y humanistas, de la solidaridad, de la indignación contra cualquier injusticia y del espíritu de sacrificio. Quien solo quiere una buena vida, nunca será un militante. Y será un mal ejemplo de militante.

Cuarto, amor al estudio. Aunque la praxis sea la determinante, la formación de un militante depende del estudio permanente, para irse perfeccionando. Porque es en los libros, en los cursos formales, que aprendemos la ciencia, aprendemos a interpretar la realidad, y aprendemos la historia de la lucha de clase con los que nos antecedieron. Sin el amor a los libros, no podemos acceder a esos conocimientos fundamentales. Por eso, cada organización social necesita tener sus escuelas de formación, para que tengan profesores, materiales didácticos que orienten la formación teórica de los militantes.

Quinto, la praxis es participar de las luchas de masas, es ayudar a organizarlas. Son ellas las que nos enseñan la dinámica de la lucha social y de la organización colectiva. Es su fuerza, en movilización, la que nos ayuda a entender que los cambios solamente vendrán de ellas, en movimiento, y no de nuestra astucia y sabiduría. Combatiendo, así, los desvíos del individualismo, del protagonismo personal y del vanguardismo.

Sexto, lo que vale para todos los militantes en relación a las masas, y a los dirigentes en relación a los militantes de su organización, es la pedagogía del ejemplo. Los militantes y dirigentes necesitan dar ejemplo de comportamiento. Es con el ejemplo de vida que los demás también aprenden. Che Guevara decía: “¡el militante necesita ser el primero en la fila del trabajo y el último en la fila de la comida!” Pero esto vale para todo: en cultivar los valores, en el respeto al prójimo, en la forma de vestirse, en los hábitos culturales, etc.

Séptimo, el combate permanente a todo tipo de discriminación y racismo que existe en la sociedad capitalista, contra las diferencias de etnia, de color de la piel, de origen geográfico, de opción sexual, de práctica religiosa, de género, de edad. El militante necesita actuar cotidianamente en esa trinchera social.

Octavo, siempre respetar a los que tuvieron menos oportunidades, a los que aún no han estudiado, a los que aún no son militantes, y estimular a que todos se transformen en militantes.

Noveno, el militante necesita ser un sujeto alegre, siempre optimista, por más adversidades que la explotación y la dominación imponen a la clase como un todo. Quien trabaja en la organización del pueblo, no puede ni debe ser pesimista. Como decía Antonio Gramsci: “el militante tiene que ser pesimista y realista en el análisis de la realidad, pero tiene que ser optimista en la proyección del futuro y de los cambios.

Décimo, el militante nunca se jubila. ¡Su compromiso y comportamiento es para toda la vida!