FEMINISMO Y LIBERTAD

IVONE GEBARA
São Paulo, Brasil

Nos sentimos destruidos, esclavizados por las situaciones que nos impiden vivir: nuestra casa está siendo destruida para construir carreteras, un niño muere por falta de cuidados, una niña de 12 años es violada en una fiesta, meses buscando trabajo sin pagar alquiler… Las destrucciones son expresiones del mal que vivimos, del mal que habita en nosotros, que se expresa en las prisiones sociales que nos impiden tener una vida digna. 

Poder cuidar de la vida con dignidad es, en gran medida, lo que se conoce como la práctica de la libertad. Libertad, en la tradición del movimiento de Jesús y de otras tradiciones éticas, son las acciones que son buenas para la vida.

Es triste que la inmensa mayoría de personas en el mundo no tenga la libertad de vivir, comer, beber y vestirse con dignidad. ¿A qué se debe esto? Me atrevería a decir que somos codiciosos, egocéntricos e individualistas. La codicia humana parece no tener límites. Los asesinatos premeditados se repiten a diario para acumular bienes para unos pocos. 

En medio de las lágrimas, la vida clama por la reconstrucción, buscando nuevos caminos, caminos de libertad. Estamos invitados a reflexionar sobre nuestras vidas y sobre las formas de educarnos para una mejor convivencia humana. La tarea más difícil es educarnos a nosotros mismos. Hablamos tanto de educación. La Educación como aprendizaje y práctica de la libertad. Pero el hecho es que no hemos aprendido casi nada, porque malinterpretamos la libertad, pensamos en ella como consumismo, como tener más cosas sin darnos cuenta de esta equivocación. 

Dentro de la tradición de Jesús, la libertad se parece a caminar a contracorriente, andar en sentido opuesto a lo que todos están andando. Y cuando lo hacemos, estorbamos a los que van en la otra dirección. Nos dan codazos, nos hacen tropezar, para que cambiemos de rumbo. El Evangelio de Jesús habla de las ovejas que abandonan el rebaño, de curar en sábado cuando la Ley lo prohíbe, de visitar a la suegra de Pedro que estaba enferma, de compartir los panes y los peces, de perdonar las deudas y visitar a los presos. Para Jesús, parece que esto era libertad. Devolver una vida digna es libertad. Este modelo de libertad, que va a contracorriente de lo normalizado, es combatido.

La poderosa mayoría se levanta contra quienes, de distintas maneras, parecen interponerse en lo que consideran el camino natural. Combate a quienes tienen visiones diferentes sobre el consumismo y la naturalización de la injusticia. Por ejemplo, mucha gente se rebela contra las mujeres que exigen igualdad salarial, el derecho a defender su cuerpo y sus elecciones. Mucha gente se rebela contra los pueblos indígenas, la organización de los pueblos negros de origen africano… Pretenden que la mayoría blanca dominante decida, gobierne y distribuya los bienes a su antojo. 

Sin embargo, seguir el camino impuesto en beneficio de minorías privilegiadas, no es libertad. Es sólo existir como esclavos de voluntades ajenas, como objetos de uso y abuso para hacer a la gente irreflexiva, sin elección, sin derechos, sin participación real en la vida de la nación. 

Por eso los numerosos movimientos sociales exigen mejores condiciones de trabajo, una vivienda digna y una vida mejor. Exigen dignidad para todos los pueblos e identidades sexuales. Reivindican el cuidado de la Tierra, del planeta del que somos un cuerpo.  Y en esta línea, situamos las luchas antirracistas y el feminismo. 

No queremos ser una multitud silenciada y dominada por minorías ricas, blancas y masculinas. La multitud sin libertad sigue la voz de la costumbre y de la ley dominante, aunque los movimientos sociales quieren seguir cada vez más la voz interior, la que aboga por el renovado derecho a una vida digna, como opción personal-colectiva siempre renovable. 

Desde esta perspectiva destacamos especialmente la importancia del movimiento de mujeres, conocido como movimiento feminista. Feminista, porque no quiere mantener el modelo femenino, el que la sociedad actual impone en términos de ideal de consumo, de ideal de belleza, de ideal de sometimiento a las figuras masculinas consideradas dueñas del poder y del saber. Por eso, seguir al rebaño de mujeres, dirigido por el mercado capitalista, no libera y no es libertad. 

Feministas para indicar un movimiento diferente de las mujeres en la historia, es decir, la insumisión a los modelos establecidos que violentan los cuerpos para el bienestar de las élites del capitalismo mundial.

En la línea de conseguir autonomía de vida nos organizamos y abrimos caminos para vivir la libertad. Libertad significa romper las cadenas que sostienen nuestra dependencia y opresión por los modelos que nos han sido impuestos. Modelos que nos aprisionan para que seamos sólo consumidores, obedientes a una sociedad que nos enamora con el escaparate de sus productos y falsos valores. 

La libertad es el camino, pero es un arduo camino diario que nos lleva a unir nuestras manos para construir la ciudad, la tierra, el barrio, la calle de las mujeres y de los hombres. Camino para construir un mundo de pueblos multicolores que se unen y se ayudan. Libertad, que busca primero una vida digna en la alimentación, la vivienda, el derecho al trabajo, al estudio, a la expresión y al ocio. Libertad, que invita a las mujeres a no dejarse eclipsar por el brillo pasajero de las joyas, ni a dejarse comprar por modelos de belleza esculturales, en realidad falsos modelos, que culpabilizan nuestros cuerpos y los desprecian en toda su diversidad. 

Así, los vendedores de belleza no nos cuidan, no nos dan casa y comida sana, no nos abren puertas para mejorar nuestra cultura y permitir la belleza de la diversidad. Del mismo modo, las iglesias, que se multiplican por todos los barrios del país, buscan ante todo su propio beneficio y la obediencia a sus leyes religiosas. Debemos ser igual de lúcidos ante sus prédicas y propuestas.

Organizarnos para reaccionar frente a los falsos heraldos del bien es llevar a cabo la educación política, la educación de las mujeres y de los hombres, para que no se dejen seducir por el brillo pasajero de los productos del capitalismo y busquen con dignidad el pan de cada día. ¡Eso es vivir la LIBERTAD!