EL GRAN MAL POLÍTICO GUATEMALTECO: LA AUSENCIA DE MUJERES INDÍGENAS EN LA POLÍTICA
NEIDA SOLIS
Guatemala
En 10 legislaturas (durante 40 años) sólo 14 mujeres mayas han sido diputadas en Guatemala, ninguna Xinka, Garífuna o Afrodescendiente. El dato es alarmante en un país con un alto número de mujeres y pueblos indígenas.
Resulta contradictorio que en la vida política del país multicultural y pluricultural los pueblos indígenas permanezcan al margen, no por decisión, sino por exclusión, lo muestran los datos y la ausencia de los mismos.
“El papel de la mujer indígena muchas veces es en la beneficencia, por así decirlo, en el altruismo. No las ven como actoras que puedan emitir opinión, que puedan hacer propuesta, que tengan espacios de toma de decisión” afirma Deysee Cotom, del Consejo directivo de la Asociación Política de Mujeres Mayas Moloj, una organización que ha trabajado por años por la participación de las mujeres indígenas.
La principal barrera de la participación política de las mujeres es su rol como sostén de los cuidados en casa. Aunque esto es un problema difícil de cambiar, las organizaciones de mujeres hacen críticas fuertes a las instituciones del Estado que poco hacen por registrar datos que permitan hacer comparaciones y análisis más robustos.
Sin embargo, recorrer los grandes problemas que Guatemala ha enfrentado, desde el proceso de colonización hasta el Estado actual, permite conocer los grandes desafíos que enfrentan los pueblos indígenas para participar de manera igualitaria en elecciones nacionales.
La ausencia de datos
En el último censo de población, realizado en 2018, se destaca que el 41% de la población guatemalteca es indígena y, por otro lado, el 51% del total de habitantes son mujeres. Sin embargo, en 2023, durante las últimas elecciones, fueron electas 32 diputadas mujeres de 160. Sólo una es indígena. De 341 alcaldías, nueve son dirigidas por mujeres y sólo una por una mujer indígena. Y de las 20 curules en el Parlamento Centroamericano, ocho lo ocupan mujeres, una de ellas indígena. La tendencia fue una mujer indígena electa.
Aunque estos datos son públicos y permiten dimensionar la subrepresentación de las mujeres indígenas, Moloj denuncia que el Tribunal Supremo Electoral no tiene datos desagregados por origen étnico. Esto invisibiliza por completo a los pueblos indígenas porque es difícil saber con exactitud cuál es la participación de las mujeres y hombres indígenas en el padrón electoral o en el listado de candidatos inscritos por los partidos políticos.
Sin embargo, la experiencia le ha mostrado a Deysee Cotom que la ausencia de mujeres indígenas no está relacionada con la falta de participación ciudadana, pero sí con la cultura machista porque “las mujeres están lejos de ser sujetas de derechos, se les ve como objetos y en una sociedad conservadora como la nuestra, la vida pública no es para ellas, peor para las mujeres indígenas” explica.
Además, hace una crítica a los partidos políticos porque los que integran a mujeres indígenas en sus propuestas de candidatos es “por una estrategia para obtener un mayor voto” afirma. La posición de las mujeres en los listados casi siempre es en las casillas que tienen menos posibilidades de ganar.
El gran fantasma: racismo
¿Qué impide la participación de las mujeres y mujeres indígenas? consulté a Victoria Tubin, socióloga Maya Kaqchikel y actual Comisionada Presidencial contra la Discriminación y el Racismo. Su respuesta fue contundente, “el patriarcado y el racismo. Se sigue pensando que las mujeres no pueden asumir el poder”. Lo dice desde su experiencia como investigadora y ahora como funcionaria pública.
La historia de colonización impactó de manera directa en la vida de los diversos pueblos indígenas. Con los años dio como resultado una mayoría indígena empobrecida y desfavorecida que no fue incluida en la creación del Estado. Esa herida colonial fue una de las causas del Conflicto Armado Interno que duró 36 años. Fue hasta en 1985, unos años antes de la firma de la paz, que la historia oficial reconoce la llegada de la democracia al país.
Para Tubin, esta historia pesa sobre los pueblos indígenas y se evidencia en su ausencia en la vida política. Y se expresa en la precarización económica “todo es pagado y se ha vuelto tan mercantilizado que las mujeres para poder participar tienen que pagar su cuota y ¿cuántas mujeres tienen los recursos económicos para financiar su propia campaña?”.
También explica que la internalización del patriarcado en las comunidades indígenas provoca que las mujeres sean limitadas en su participación, provocando que ni siquiera las demás mujeres las apoyen.
Para concluir la Comisionada considera que el racismo es una expresión que limita una vida plena a las mujeres indígenas porque ellas reciben un trato aún más violento que un hombre indígena, porque se les ve como personas inferiores.
Una esperanza y una demanda concreta
Las organizaciones de mujeres y mujeres indígenas han trabajado en una propuesta concreta para aumentar la presencia de mujeres en los cargos de elección popular en Guatemala, la “Ley de Paridad, Alternancia e inclusión de los pueblos indígenas”.
Las mujeres creen que con una ley que obligue a los partidos políticos a integrar a mujeres y personas indígenas en los listados de candidatos se podría avanzar a una representación e igualdad entre todas las personas. “Se ha alcanzado un nivel de participación casi igualitario con medidas afirmativas como esta ley en países latinoamericanos donde existe una ley de paridad”, afirma Deysee.
Según la Clasificación Mundial de Mujeres en los Parlamentos de la Unión Interparlamentaria, Guatemala ocupa el puesto 115 de 193. Es decir, un nivel muy bajo de mujeres electas a cargos.
A pesar de los esfuerzos de las mujeres aún no se consiguen los votos para aprobar una iniciativa como esta. Para Deysee hace falta un compromiso real de la clase política, mientras tanto, siguen demostrando que el país “sigue siendo estructuralmente patriarcal, racista, centralista y monocultural” explica.
Para las organizaciones, hace falta el compromiso del Estado para garantizar una participación real de las mujeres indígenas. Además de la preparación y formación política de las mujeres y pueblos indígenas.