EDUCACIÓN POLÍTICA: DESDE LA REALIDAD DE LAS TRABAJADORAS DE HOGAR Y CUIDADOS
ASOCIACIÓN DE TRABAJADORAS DEL HOGAR Y LOS CUIDADOS
Zaragoza, España
“Sueldo y trato dignos”, “ninguna persona es ilegal”, “querían brazos, llegaron personas”, “porque sin nosotras, no se mueve el mundo”, “¡regularización ya!”, “trabajo de interna, esclavitud moderna”, son frases que decoran el local de la Asociación de Trabajadoras del Hogar y los Cuidados de Zaragoza (España). También son lemas que nos acompañan en las manifestaciones. Sorprende llegar a un espacio comunitario tan acogedor, y encontrar estas frases. Denuncias y posicionamientos claros, pintados a mano, y tan llenos de colores, como la diversidad de mujeres que forman parte de la organización.
Partimos de que somos mujeres del sur global, en su mayoría latinoamericanas, que nos hemos visto obligadas a migrar en busca de oportunidades para mejorar nuestra vida y la de nuestras familias. Las grandes desigualdades que vivimos en diferentes territorios por causa del capitalismo neoliberal nos han empujado al exilio y a formar parte de cadenas globales de cuidados.
En este contexto, el capitalismo, que considera la tierra y a las personas como mera mercancía, también se encarga de fomentar la competencia. Y, en consecuencia, se promueve una educación que carece de valores comunitarios que estén al servicio de la humanidad. Esa educación individualista nos adoctrina también a nosotras, de tal forma que pensamos que todo lo que conseguimos es por nuestro esfuerzo personal y nada tiene que ver con las realidades que nos rodean.
Las mujeres estamos dentro de todo este entramado de poder económico que nos obliga a migrar, a trabajar en los cuidados, en los trabajos históricamente invisibilizados y poco reconocidos. Estamos atravesadas por el racismo estructural, por el patriarcado, por el colonialismo. Al llegar a este territorio es difícil poder obtener los papeles debido a la ley de extranjería, que te obliga a trabajar sin unos derechos mínimos, en unos trabajos de semi esclavitud, donde muchas compañeras no tienen vida propia.
Desde todas esas situaciones nos organizamos, porque consideramos importante luchar juntas y contar también con el apoyo de otras organizaciones hermanas.
Queremos que los cuidados sean el centro de la vida y que se reconozca que nosotras tenemos también el derecho a ser cuidadas.
La educación política para nosotras es un proceso de politización de todos los aspectos de la vida cotidiana, de los afectos y de los sentires. No sólo en las formas específicas de cómo nos relacionamos, sino también en la reflexión sobre el lugar que ocupamos. Cuando politizamos generamos procesos de toma de conciencia y esto tiene un valor grandísimo, pues son el corazón del recuerdo y de la memoria de por qué hacemos lo que hacemos.
En palabras de nuestra compañera Karen Urrutia:
“En una sociedad en la que las desigualdades avanzan a pasos agigantados, no podemos dormirnos en los laureles de la educación política. Podemos reinventarnos cada día, hacer autoanálisis, ¿qué aportamos a una sociedad para cambiar esas desigualdades? ¿Son nuestras acciones colectivas suficientes para crear conciencia? Lo que está claro es que esta lucha por la dignidad humana, los derechos, por la justicia social, sólo se puede ganar si caminamos juntas. Si dejamos a un lado los intereses personales y velamos por el bien común, por los menos favorecidos, por los olvidados. Reconocer que la política forma parte de nuestro día a día y vivir, desde el momento en que nos duelen las injusticias, pero no basta solo con sentirlo.
Seguir construyendo juntas la política de la justicia social no es una opción, es un deber.”
Tras estas reflexiones, nos han surgido algunas de llamadas a la acción para trabajar la educación política:
- Seguir construyendo espacios de mujeres, porque en mantenerlos hay una intencionalidad política. Necesitamos más lugares seguros para habitar y llenar de deseos, para cuidarnos y para sembrar realidades nuevas.
- Partir de nuestras propias voces y de las realidades que vivimos. ¿Esto que me pasa a mí le pasa a más gente? Educarnos políticamente con otras también es recuperarnos del daño que nos han hecho, aprender de la otra, escuchar mucho y también contarnos a nosotras mismas.
- Ser generosas y humildes personal y colectivamente. Agradecer los procesos colectivos y personales que hacen que estemos hoy aquí, a todos los referentes que atesoramos en el corazón, que nos dedicaron tiempo y vida.
- Formarnos para tener más conocimientos y herramientas: formar a otras y formarnos con otras. Por ejemplo; iniciativas como la Escueleta Política, Formación de formadoras en derechos laborales y extranjería, y el trabajo de coordinación política con todas las organizaciones hermanas, como Territorio Doméstico, que nos han abierto camino, sostenido y enseñado tanto.
- Revisarnos como colectivo, cíclicamente, afrontar los conflictos y asumir sus costes. Romper las lógicas imperantes que se dan inconscientemente en lo relacional y en lo organizativo.
- Construir relaciones de confianza, con toda su complejidad, apostar por los vínculos, por los deseos trabajados en común y por las alianzas con otros colectivos y redes.
Y en definitiva, que estas llamadas nos ayuden a entender que nuestra lucha es mucho más que conseguir hitos. Se trata más bien de una semilla de otro mundo posible. ¿De qué servirá que el mundo cambie si no cambia la mentalidad de las personas? Como sociedad tenemos que abrir este diálogo y hacernos responsables del mismo. Para contribuir a esta causa global, nosotras seguiremos con nuestras incidencias políticas en las instituciones, en las calles y en diferentes espacios para visibilizar y concienciar que todas las personas tenemos derecho a cuidar y ser cuidadas dignamente.
Seguiremos enredándonos, fortaleciéndonos con las redes de apoyo y luchando por la justicia, desde la realidad de las trabajadoras de hogar y cuidados.