APUNTES PARA UNA EDUCACIÓN POLÍTICA POPULAR

LUIS LABAJO ALTAMIRANO
Cádiz, España

La política es la más noble actividad humana. Dado que como animales sociales tendemos a formar comunidades políticas, la gestión racional de la vida comunitaria debería estar dirigida a la maximización del bien común y a la consecución del mayor grado de felicidad colectiva posible. Ya el sabio Aristóteles nos advertía sobre ello.

El régimen de guerra que habitamos impide desarrollar acciones encaminadas a un buen fin. El modo de producción capitalista global en su fase neoliberal, propio de esta civilización de muerte (Ramón Grosfoguel), condiciona los sistemas formales de educación de tal manera que la comunidad no adquiere la conciencia que le permita ejercer una acción política en pos del bien común.

Por tanto, todas las iniciativas que traten de implementar una educación política popular deben ser valoradas por su potencia revolucionaria.

Si el poder es un modo de relación entre los miembros de una comunidad humana, gran descubrimiento de Michel Foucault, sólo es posible deconstruir el régimen de guerra de esta civilización de muerte a través de una educación política popular que tenga como criterio fundamental de acción la conservación de la vida de todos los seres vivos del planeta. Sólo un poder obediencial tendría como criterio la categoría de vida. El mandar obedeciendo reivindicado por los neozapatistas nos muestra un camino posible a seguir.

Desde una perspectiva decolonial, parar la máquina de guerra implica necesariamente actuar desde las periferias oprimidas para frenar cualquier genocidio, epistemicidio, feminicidio y ecologicidio actualmente en marcha.

Quisiera narrar en primera persona mi experiencia en la educación política de mi comunidad, situada en Cádiz, pequeña ciudad del extremo sur de la península ibérica.

Provengo del sistema educativo formal, impartiendo desde hace tres décadas la materia de Física y Química en secundaria. Desde este curso imparto también Filosofía, lo que me permite trabajar desde la escuela pública contenidos y valores más radicales.

Durante el ciclo político que vino en llamarse 15M (2011) participé en la ocupación de un espacio público abandonado en mi ciudad que las instituciones públicas pretendían vender a la iniciativa privada. Conseguimos frenar la expropiación resistiendo meses gracias a la construcción de un proyecto popular anclado profundamente en el barrio. La esencia del proyecto era la educación popular: talleres de formación, escuela gratuita para infantes y adolescentes del entorno, centro cultural abierto a todas las artes… Y además de todo ello, un taller permanente de educación política donde lo asambleario garantizaba una democracia más profunda y real en nuestras acciones en el entorno.

Otro frente de acción relevante ha sido la realización de ciclos de conferencias de Física Teórica impartidos en una asociación cultural de barrio. Las conferencias fueron preparadas y dictadas por alumnas de tercero y cuarto de secundaria a público adulto en general. Se pretendía empoderar a chicas de entre 14 y 15 años y potenciar su incipiente interés por la ciencia: dado que en una sociedad patriarcal funciona la división sexual del trabajo, es necesario remover esa opresión desde su origen educativo.

Organicé durante un año un ciclo de tertulias filosóficas en un café-librería de la localidad, donde se abordaban cuestiones de actualidad de interés político utilizando como recurso una selección de fragmentos de la historia de la filosofía. El acceso era libre y la participación fue diversa y sorprendentemente masiva. Esto indica la potencialidad de este tipo de iniciativas en la construcción de una conciencia política popular.

Otra manera de trabajar la educación popular tiene que ver con la música. Participo desde hace también tres décadas en la fiesta de carnaval de mi comunidad. En mi ciudad, Cádiz, la fiesta de carnaval tiene una peculiaridad que lo distingue de otros: es un carnaval cantado. El pueblo se organiza de forma espontánea y crea agrupaciones con repertorios inéditos en música y letra cada año. La ironía, el doble sentido, el sarcasmo y la crítica social y política desde el humor son características relevantes de esta tradición popular. Mi trayectoria en el carnaval ha tenido como contenido prioritario la educación política, cuestionando instituciones como la monarquía, la jerarquía eclesiástica y las fuerzas de represión del estado. En una ciudad que ha sufrido una reconversión industrial salvaje, la defensa de la lucha de clases desde las coplas del carnaval constituye sin duda un método particularmente adecuado para la educación popular. 

También he acercado la Filosofía utilizando el formato carnavalesco: las reflexiones de autores como Karl Marx y Michel Foucault han sido explicadas a través de coplas musicales carnavalescas que compaginan rigor y humor. 

Finalmente, también trabajo la educación política dando a conocer en diferentes escenarios populares la obra de cantautores/as con un alto contenido político, entre los que destacan Chicho Sánchez Ferlosio, Violeta Parra, Víctor Jara o Daniel Viglietti. Se trata de concienciar utilizando un repertorio que en la actualidad no es tan conocido como en décadas anteriores.

Es posible construir un mundo otro más allá de esta civilización de muerte. Para ello es imprescindible aumentar la conciencia política popular. La metodología que propongo consiste en una doble vía: acercar la reflexión académica a pie de calle, pues el pueblo tiene derecho a conocer todos los aspectos del pensamiento humano; y utilizar diferentes expresiones artísticas como la música popular para transmitir ideales de una nueva Política de la Liberación (Enrique Dussel). 

En definitiva, sólo pensando y organizándonos desde todas las periferias del sistema-mundo en el que habitamos, sólo desde una perspectiva decolonial en lo económico y epistemológico y, por tanto, sólo desde una posición ecofeminista transmoderna radical es posible construir un mundo otro en donde la vida se abra paso con divina alegría.