TRANSMISIÓN vs.PARTICIPACIÓN: UNA BATALLA COMUNICACIONAL COTIDIANA
YOHANA LEZCANO LAVANDERA, YULIET TERESA VILLARES PAREJO
Movimiento Centro Martin Luther King- Redes, Cuba
Intelectuales latinoamericanos insistieron en que el subdesarrollo y la pobreza no eran el resultado de “degeneraciones” culturales ancestrales, sino de un sistema de explotación de los países ricos hacia los países pobres y de enormes desequilibrios sociales. En otras palabras, había razones estructurales -políticas, económicas, sociales, culturales y legales que explicaban las verdaderas causas del “subdesarrollo”.
En las décadas posteriores, estos clamores se fueron intensificando. Aumentaron los reclamos en torno a un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación no solo posible, sino necesario, a partir de los datos alarmantes arrojados por el informe MacBride.
“Desde hace más de medio siglo, en América Latina y el Caribe, la democratización de la comunicación ha surgido como una demanda recurrente desde diversos sectores sociales organizados, y también como práctica y afirmación de un derecho, para que los grupos sociales excluidos puedan tener acceso a los medios de comunicación y de expresión social” (Ramírez y Burch, 2019, p.89).
Fue la necesidad de pronunciar con voz propia la indignación y resistencia de los sectores ninguneados históricamente lo que motivó la creación de radios comunitarias, boletines, revistas, diarios populares, historietas, carteles, altoparlantes barriales, canales locales de televisión, teatro callejero y otras expresiones artísticas, muchas veces sometidas a brutales represiones. Se comenzaron a gestar y se fortalecieron movimientos en torno a la formulación de políticas de comunicación en el continente. A este fenómeno se le comenzó a llamar comunicación alternativa.
El aspecto fundamental en la comunicación alternativa es la apropiación de los medios. Esto no quiere decir -aunque hubo casos- que los medios privados fueran tomados por asalto. El sentido de “apropiación” debe entenderse como un modo de desarrollar la capacidad propia, comunitaria y colectiva, de adoptar la comunicación y sus medios como un proceso coadyuvante de las luchas sociales. Por apropiación no entendemos solamente la propiedad de los medios y de la tecnología, aunque esto es, sin duda, central para la independencia de la comunicación alternativa. No se trata simplemente de poseer los instrumentos: una radio, un periódico o un canal de televisión; se trata, sobre todo, de apropiarse de la gestión, de la creación y del proceso comunicacional que involucra la participación comunitaria. (Gumucio, 2011, pp. 36 y 37).
Entra en juego la noción de emirec, aportada por Jean Cloutier (1979), que en su esencia es la apuesta por comprender la comunicación como proceso incompleto sin las configuraciones e interpretaciones que puede aportar quien recibe el mensaje, que a su vez, no solo puede convertirse en productor/a de contenidos (sobre todo hoy con las ventajas que ofrecen las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones), sino que lucha porque el poder comunicarse y el saber comunicarse sean defendidos como derechos humanos.
El pensamiento de la comunicación como articuladora de los derechos humanos en la vida cotidiana hace hincapié en la construcción de un nuevo enfoque de la comunicación como proceso, y que por lo tanto hace énfasis en los sujetos. Este enfoque propone que las sociedades aprendan a convivir con la contradicción y la “provocación” permanente que significa dialogar en la alteridad, y por ello afirma la posibilidad de coexistencia de puntos de vista diferentes, de historias individuales o colectivas distintas, para articular distintas identidades con la condición de que ninguna resulte perdedora en ese intercambio.
Para lograr ese diálogo entre iguales, pero diferentes, la comunicación contribuye a empoderar a la ciudadanía en el marco de los principios básicos de los derechos humanos, de manera que unos se enriquezcan con los saberes de otros (…) No podemos ver los derechos como compartimentos estancos sino como vasos comunicantes. Ningún derecho está realmente vigente si los otros no lo están (Gumucio, 2012, s/p).
“Comunicar es hacer posible que unos hombres reconozcan a otros, y ello en doble sentido: les reconozcan el derecho a vivir y pensar diferentemente, y se reconozcan como hombres en esa diferencia” (Martín Barbero, 1990, p.15).
Quizás sea la definición de Luis Ramiro Beltrán (2005) una de las que mejor condensa las apuestas por una comunicación realmente de derechos, emancipadora, opuesta al paradigma transmisivo, al defenderla como “el proceso de interacción social democrática basada en el intercambio de signos, por el cual los seres humanos comparten voluntariamente experiencias bajo condiciones libres e igualitarias de acceso, diálogo y participación”.
Para saberse y sentirse “lo popular” no basta con que sea colectivo, o que parta de sujetos “en desventaja social”, o que se utilicen técnicas participativas y se respete el criterio de los demás. La distinción que marca a los procesos de este tipo recae en la humildad de todos los actores para sentirse protagonistas corresponsables de un andar plural, aunque mediado por subjetividades individuales. Lo popular pasa también por la construcción, compleja y extensa, de identidades comunes; y también por la transformación progresiva de relaciones asimétricas de poder en cualquier dimensión: de clase, género, color de la piel, edad, creencia religiosa, lugar de residencia, capacidades físicas y mentales, orientación del deseo erótico, entre otras.
Por eso la Comunicación Popular pone en el centro de su concepción y su accionar a la participación activa, verdadera, como sendero por el cual transitar hacia la conformación de un sujeto histórico colectivo. Además de sembrar el compromiso político, esta propuesta epistemológica promueve una vocación ética que se expresa en testimonio tangible de transformación, asumiendo el sentido de que la política pasa por cuerpos y mentes en la cotidianidad y desnaturalizando la dominación, la violencia, la inercia, la desidia.
Leer más en:
Alejandro, M. (2008). La coordinación: una íntima y esencial pluralidad. En: Alejandro, M., Romero, M. I. y Vidal, J.R. (comp.). ¿Qué es la Educación popular? La Habana: Editorial Caminos.
Gumucio, A. (2011). Comunicación para el cambio social. Clave del desarrollo participativo. Signo y Pensamiento. Vol. XXX, No. 58, pp.26-39.
Martín Barbero, J. (1990). Comunicación, campo cultural y proyecto mediador. Diálogos de la Comunicación, no. 26. pp. 7-15, FELAFACS, Lima.