DE LAS REVUELTAS ÁRABES A LAS CONTRARREVOLUCIONES

GHASSAN SALIBA ZEGHONDI
Líbano-Cataluña

Las revueltas en diferentes países árabes el año 2011 -iniciadas en Túnez, seguida de Egipto, Siria, Libia y otros estados árabes con diferentes formas e intensidad-, eran sin duda consecuencia de una crisis generalizada del régimen árabe oficial. Se daban las condiciones para una revuelta generalizada, una crisis multidimensional -económica, falta de libertades democráticas y necesidad de mejoras sociales entre las capas populares, sobre todo la juventud- y el fracaso por conseguir las aspiraciones nacionales de los pueblos árabes de construir estados realmente independientes con una economía nacional independiente. Además de la incapacidad de dar respuestas a la causa árabe central, la de Palestina frente a un estado colonial y sionista que tiene el apoyo incondicional del imperialismo de los EEUU y la OTAN, y la complicidad de Europa. El régimen árabe oficial pasó del fracaso a la traición nacional, al someter los países al dominio colonial y la normalización de las relaciones con la entidad sionista. Todas las condiciones estaban maduras para el alzamiento de los pueblos. Bajo el eslogan común de “libertad, dignidad y justicia social” millones de jóvenes salieron a la calle, reivindicando un cambio radical. 

Las contrarrevoluciones

Si las condiciones objetivas de las revueltas populares estaban maduras, la pregunta clave es si lo estaba el sujeto revolucionario. Eso depende de cada país. En Túnez, la presencia de un sindicato fuerte en la revuelta marcó un proceso diferente al de otros países. En Egipto, donde el ejército y las fuerzas armadas salieron a la calle, teóricamente al lado de la revuelta, tomó también un camino distinto. En Siria y Libia trajo unas guerras civiles y la injerencia armada extranjera directa. En todos los procesos posteriores a las revueltas existe un denominador común que es la contrarrevolución. La contraofensiva imperialista y colonial, y la reacción árabe para impedir un cambio real y radical, impiden la realización de las aspiraciones de los jóvenes de libertad, dignidad y justicia social. La contraofensiva tomó diferentes formas. Por una parte, políticamente con los Hermanos Musulmanes (el modelo turco), con las fuerzas armadas en Egipto después del fracaso de la opción islamista, en Túnez un regreso encubierto al régimen anterior, en Libia y Siria se entra en una situación de caos con la desaparición del estado y el desmembramiento del país en territorios y grupos enfrentados. El objetivo de la contrarrevolución es desmembrar los estados, Sudán es otro ejemplo, y conseguir su dominio directo, militar o económico, por el imperialismo y la entidad sionista.  

Un nuevo movimiento de liberación árabe

El movimiento de liberación nacional, entre los años cincuenta y setenta, de tendencia puramente nacionalista pero sin contenido radical de cambio social fracasó. Los regímenes nacionalistas árabes, consiguieron la independencia y una ligera reforma social, pero no construyeron estados realmente democráticos. Por una banda, se transformaron en regímenes autoritarios, represivos y antidemocráticos, y, por otra, entraron en un proceso de renuncia o de incapacidad de avanzar en la lucha nacional y, posteriormente, en la traición nacional y la normalización de las relaciones con la entidad sionista. Son regímenes que se mantienen a través de la represión y la presencia directa de bases militares de los EEUU y occidente. Es el caso del Egipto pos Nasser, y el de Irak y Siria que se transformaron en dictaduras que pactaron según sus propios intereses y las circunstancias con los EEUU. Sadam Hussein y Hafez Al Assad se aliaron con ellos en diferentes ocasiones para frustrar y reprimir movimientos realmente de izquierda; la represión en Irak, las matanzas contra el pueblo kurdo y la intervención de Siria en el Líbano en 1976 y durante la invasión de Irak en 1991, y los acuerdos de Taïf entre Arabia Saudí, EEUU y Siria para la pacificación del Líbano. 

Desde su creación, los movimientos islamistas fueron instrumentos en manos de las fuerzas coloniales e imperialistas para dificultar e impedir el avance del nacionalismo árabe hacia posiciones realmente antiimperialistas, de cambios sociales hacia la transformación pseudosocialista y hacia la unidad árabe. Es el papel que han jugado los Hermanos Musulmanes contra el Egipto de Nasser, así como en Siria, Argelia, Irak, Libia y Sudán. Después de las revueltas árabes, han representado el instrumento de la contrarrevolución, animados y sostenidos por Turquía y la administración Obama. Las opciones más extremistas, los grupos  takferistas como Al Qaeda, Al Nousra, Al Jamaa El Islamia y Daesh, han sido los instrumentos violentos y terroristas de las contrarrevoluciones en manos de los servicios secretos de la CIA y occidente. Estos movimientos no son alternativas que lleven a la unidad y la cohesión de las sociedades árabes, ni a las libertades democráticas públicas y privadas, sino que son proyectos de guerra, de división y desmembramiento de las sociedades y estados. 

Ante esta situación de dominio imperialista y sionista sobre la región, del proyecto colonial del Gran Israel, del genocidio contra el pueblo palestino y del desmembramiento y la división de los estados y sociedades árabes, urge un nuevo movimiento de liberación nacional en el mundo árabe. Es necesario un proyecto nacional, democrático y laico que cohesione, unificador y con un desarrollo económico y social que asegure condiciones de vida dignas, libertades e igualdad entre la ciudadanía así como entre hombres y mujeres. Un proyecto que movilice y dé respuestas democráticas a las diversidades étnicas y a los pueblos que conviven en el espacio geográfico del mundo árabe. Un proyecto anticolonial y antiimperialista que pueda cristalizar en una potencia árabe y regional, respetada y decisiva en un nuevo orden mundial multipolar y, sobre todo, que consiga una correlación de fuerzas determinante en el conflicto árabe-sionista y la creación de un estado palestino democrático y laico.