EMPODERAR A LAS COMUNIDADES Y FOMENTAR LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA: EL PAPEL DE LAS UNIVERSIDADES EN EL CAMBIO DE PARADIGMA
CARME GUAL VIA
Cataluña
Los últimos estudios sobre hábitos democráticos aportan datos preocupantes en relación a la opinión de un número creciente de jóvenes que creen que, en algunas circunstancias, un gobierno autoritario sería preferible a un sistema democrático. ¿Qué razones pueden llevar a jóvenes nacidos en democracia a responder que una dictadura puede ser mejor que la democracia? Desilusión con el sistema político actual, búsqueda de seguridad y estabilidad en un mundo cada vez más confuso e inestable, influencia de la propaganda y la desinformación de las redes sociales, la falta de conocimiento sobre los derechos humanos y la democracia, la insuficiente participación ciudadana en los procesos democráticos…
Queda claro que el sistema está fallando, y de forma desgarradora en las generaciones más jóvenes. Recordemos a Greta Thunberg, quien forzó al gobierno del Reino Unido a declarar el estado de emergencia climática. ¿Qué ha quedado de ese compromiso? Este estado de desconcierto e imperio de la mentira, la gesticulación histriónica y la impunidad de los que agreden vidas y territorios, subraya la necesidad de reforzar la educación cívica y los espacios de participación. En el ámbito del conocimiento y la educación superior se hace evidente el obligado cambio radical de las instituciones universitarias, si quieren ser relevantes. ¿Cómo? Reformando estructura, metodología y ética para formar agentes de cambio activos. Si no lo hacen, se volverán obsoletas.
Como instituciones de conocimiento, tienen la responsabilidad de afrontar retos globales como el cambio climático, la desigualdad y la injusticia social. Un aspecto fundamental para ejercerla es reconocer los derechos, las contribuciones y los sistemas de conocimiento de las comunidades indígenas, al mismo tiempo que fomentan una participación ciudadana inclusiva. De ser observadoras pasivas deben pasar a facilitar activamente la justicia social, la sostenibilidad y el desarrollo equitativo. Las comunidades indígenas poseen un rico conocimiento, especialmente en la gestión ambiental y la resiliencia comunitaria. No obstante, los modelos educativos tradicionales marginan estas contribuciones. Las universidades tienen que integrarlas a los planes de estudio, garantizando que el aprendizaje no se limite a los paradigmas occidentales, sino que abrace epistemologías diversas. Descolonizar la educación mediante currículos locales y contextualizados fomenta el respeto por las perspectivas diversas y asegura su papel en la configuración del futuro.
La “Educación Superior Socialmente Responsable” subraya la necesidad de esta integración. Académicos como Budd Hall y Rajesh Tandon defienden modelos educativos participativos e inclusivos que honoren la sabiduría tradicional e impulsen el aprendizaje contemporáneo, pasando del simple reconocimiento teórico del conocimiento indígena a una colaboración práctica que beneficie tanto a las comunidades indígenas como a las no indígenas.
Más allá de la inclusión simbólica se deben implementar cambios estructurales creando espacios seguros para sus voces dentro del discurso académico. Hay ejemplos de estas iniciativas que debemos destacar: SEKEM y la Universidad de Heliópolis en Egipto, que promueve prácticas agrícolas regenerativas y el desarrollo económico sostenible, integrando cultura, ciencia y comunidad en la propuesta educativa, 6 universidades mayas de Guatemala que trabajan para preservar y formalizar los conocimientos indígenas históricamente transmitidos de forma oral; o el Programa Universitario de Estudios de la Diversidad Cultural y la Interculturalidad de la Universidad Nacional Autónoma de México, que forma profesionales especializados en pueblos originarios y afrodescendientes.
Las universidades deben fomentar el espíritu participativo mediante el aprendizaje experiencial, la educación basada en el servicio y las alianzas con comunidades locales. Un enfoque transformador es el uso de los “laboratorios vivientes” (living labs) donde estudiantes, profesorado y comunidades locales colaboran en la resolución de problemas reales. Se prioriza en ellos la centralidad del usuario, la innovación abierta, la sostenibilidad y la co-creación, asegurando que las soluciones se desarrollen mediante una implicación comunitaria genuina.
La educación ha sido una herramienta de exclusión para comunidades marginalizadas. Las universidades deben desmantelar activamente las barreras garantizando el acceso equitativo a una educación de calidad, afrontando desigualdades sistémicas como las limitaciones económicas, el aislamiento geográfico y las barreras lingüísticas que afectan desproporcionadamente a los colectivos infrarrepresentados. El compromiso con el aprendizaje a lo largo de la vida es un paso clave en esta dirección para garantizar que la educación continúe siendo accesible más allá de los programas tradicionales de grado.
Finalmente, para evitar el “maquillaje sostenible” las universidades deben integrar la sostenibilidad en su núcleo institucional, alinear la investigación, la enseñanza y el compromiso comunitario con sus principios, garantizando que las iniciativas beneficien tanto a las generaciones presentes como a las futuras. Es clave la educación interdisciplinaria combinando ciencia, humanidades y conocimiento indígena. Asignaturas sobre gestión ambiental, IA ética y salud global deberían formar parte integral de los planes de estudio, enriqueciendo el discurso académico y equipando a la comunidad universitaria con las habilidades críticas necesarias para impulsar el cambio sistémico.
Las universidades deben adoptar la agilidad, la inclusión y la innovación para mantenerse relevantes en un mundo en constante cambio. Se encuentran en una encrucijada: pueden continuar perpetuando modelos educativos caducos o evolucionar hacia instituciones dinámicas que empoderen a las comunidades indígenas, fomenten la participación ciudadana, el impacto real y se conviertan en herramientas para erradicar desigualdades y respetar los derechos humanos en todo el mundo.