Guía de lectura» para el libro de Piketty

«Guía de lectura» para el libro de Piketty

Nicolau João Bakker


Dios habla a través de los signos de los tiempos, dice el Concilio Vaticano II (GS36). Por eso, es importante saber «leer» nuestra sociedad, cada vez más compleja, sobre todo en su «economía», el eje sobre el que giran todos los engranajes. El Capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty (Fondo de Cultura Económica 2014) desafía tanto a la derecha como a la izquierda. Seleccionamos, a título de ejemplo, algunas de las cuestiones fundamentales que el libro aborda.

Cuestión 1ª: De la «renta nacional», ¿qué parte le cabe al trabajador?

Piketty dice: «Por definición, la renta nacional mide el conjunto de las rentas de que disponen los residentes de un país a lo largo de un año» (p. 57). «Renta nacional = renta del capital + renta del trabajo» (p. 60). «En términos prácticos, la renta nacional de unos 30.000 euros por habitante, vigente en los países ricos se descomponía en aproximadamente 21.000 euros de renta del trabajo (70%) y 9.000 euros de renta del capital (30%)» (p. 68). «El caso más importante... es sin duda el de la alta participación del capital durante las primeras fases de la Revolución Industrial (1800-1860). En el Reino Unido, cuyos datos son más completos, los trabajos históricos disponibles... sugieren que la participación del capital se expandió diez puntos porcentuales de la renta nacional, pasando de cerca de 35-40% a final del siglo XVIII e inicio del XIX, hasta el 45-50% a mediados del XIX, momento en que era redactado el Manifiesto Comunista» (p. 247).

En análisis económico, el concepto de «renta nacional» es básico, pues permite distinguir qué parte corresponde al trabajador y cuánto corresponde al capital. Los numerosos y riquísimos gráficos de Piketty muestran la famosa «curva en U»: el capital era fuerte en el siglo XIX, decreció en la primera mitad del XX, y volvió a crecer con fuerza en la segunda mitad del XX (especialmente con la onda neoliberal conservadora).

Cuestión 2ª: El «mercado libre», ¿ángel o demonio?

Piketty dice: «Esa desigualdad fundamental, que expresaré como r > g, donde r es la tasa de remuneración del capital (o sea, lo que rinde, de media, el capital durante un año, bajo la forma de lucros, dividendos, intereses, alquileres y otras rentas del capital, en porcentaje de su valor) y g representa la tasa de crecimiento (el crecimiento anual de la renta y de la producción), desempeñará un papel esencial en este libro. En cierta forma, resume la lógica de mis conclusiones» (p. 32). «Es importante resaltar que la desigualdad fundamental, r > g, la principal fuerza de divergencia en mi libro, no hace alusión necesariamente a una imperfección del mercado... Es posible pensar que algunas instituciones y políticas públicas podrían contrapesar los efectos de esa lógica implacable: por ejemplo, la adopción de un impuesto progresivo sobre el capital podría actuar sobre la desigualdad r > g, nivelando la remuneración del capital y el crecimiento económico» (p. 43).

Para Piketty, el mercado libre es más bien un ángel. Es la falta de políticas públicas adecuadas lo que lo puede transformar en un demonio.

: ¿La marca principal del capitalismo actual?

Piketty dice: «Desde los años 1970-1980, asistimos a una explosión sin precedentes de la desigualdad de la renta en EEUU. El 10% superior pasó, del 30-35% de la renta nacional en los años 1970, a cerca del 40-45% en 2000-2010, un alza de casi quince puntos porcentuales de la renta nacional americana» (p. 321). «De los 15 puntos porcentuales de renta nacional adicional que fueron absorbidos por el 10% superior, unos 11 puntos –casi 3/4– fueron rebañados por el 1% (o sea, el grupo de las rentas actuales superiores a 352.000 dólares en 2010), y la mitad de ello fue para el 0’1% (el grupo de las rentas anuales por encima de 1’5 millones de dólares)» (p. 324). «La nueva desigualdad americana tiene relación estrecha con la aparición de una sociedad de ‘superejecutivos’» (p. 330). «La milésima parte superior de la población (el 0’1%) pasó del 2% a casi el 10% de la renta nacional» (p. 350). «Las proporciones de riqueza registradas respecto al centésimo superior en renta nacional en las naciones pobres o emergentes son muy semejantes a las observadas en los países ricos» (p. 358). «La recaudación fiscal hoy se volvió, o está a punto de volverse regresiva en el tope de la jerarquía de las rentas en la mayoría de los países» (p. 549).

Piketty atribuye el despegue de los «superejecutivos» al surgimiento de las macroempresas modernas y al «extremismo meritocrático» sin la correspondiente vinculación con el aumento de producción, aparte de la «enorme caída de la tasa del impuesto sobre la renta marginal superior en los países anglosajones a partir de los años 1970-80» (p. 369).

: ¿Acertó Marx en su análisis «del capital»?

Piketty dice: «Marx rechazó la hipótesis de que el progreso tecnológico pudiese ser duradero y de que la productividad fuese capaz de crecer de modo continuo –dos fuerzas que podrían, en alguna medida, contraponerse al proceso de acumulación y concentración del capital privado–. Sin duda, le faltaron datos estadísticos para afinar sus posiciones... El principio de acumulación infinita que propuso contiene una noción fundamental, tan válida para el análisis del siglo XXI como lo fue para el del siglo XIX» (p. 23-24).

No valen las etiquetas de «aprobado» o «reprobado» para el capitalismo, ni para el marxismo. Todo depende del punto de vista. Las generalizaciones son demasiado frecuentes, también en la Iglesia. Marx fue el icono del pasado, Piketty es el icono del presente.

: En su análisis de El Capital, ¿aporta Piketty algo nuevo?

Piketty dice: «La lección general de mi investigación es que la evolución dinámica de una economía de mercado y de propiedad privada, dejada a su propia suerte, contiene fuerzas de convergencia importantes, ligadas sobre todo a la difusión del conocimiento y de las calificaciones, pero también fuerzas de divergencia vigorosas y potencialmente amenazadoras para nuestras sociedades democráticas y para los valores de justicia social sobre los cuales se fundan. La mejor solución es el impuesto progresivo anual sobre el capital. Con él, es posible evitar la espiral desigualadora sin fin y al mismo tiempo preservar las fuerzas de concurrencia y los incentivos para que se produzcan sin cesar nuevas acumulaciones primitivas». «El impuesto progresivo expresa, en cierta forma, un compromiso ideal entre justicia social y libertad individual».

La propuesta de un impuesto progresivo sobre el capital, como complemento a los impuestos sobre la renta y la herencia, no elimina el sistema capitalista, pero innova, en el sentido de impedir la «acumulación infinita» que forma parte de su ADN.

: En el sistema capitalista, ¿los salarios van siempre a la baja?

Piketty dice: «En Europa Occidental, en América del Norte y Japón, la renta media pasó de poco más de 100 euros por mes y habitante en 1700, hasta más de 2.500 euros por mes en 2012, multiplicándose por 25. En realidad, la expansión de la productividad, o sea, de la producción por hora trabajada, fue todavía más elevada. El poder de compra medio en vigor en Europa casi no cambió entre 1700 y 1820, pero luego se dobló sobradamente entre 1820 y 1913 y finalmente se multiplicó por 6 entre 1913 y 2012» (p. 103).

Cuidado con este poder de compra «medio»... Las medias esconden grandes disparidades. Todos ganaron, pero algunos mucho más que otros.

: ¿Continúa creciendo el abismo entre países pobres y ricos?

Piketty dice: «La participación de los países ricos (...) en la renta mundial alcanza el 46% en 2012 si usamos la paridad de poder de compra, frente al 57% si utilizamos las tasas de cambio nominales... La participación de los países ricos en la renta mundial ha disminuido de forma sistemática desde los años 1970-1980. Cualquiera que sea la medida utilizada, el mundo parece haber entrado en una fase de convergencia entre países ricos y pobres» (p. 84). «La experiencia histórica sugiere que el principal mecanismo que permite la convergencia entre países es la difusión del conocimiento, tanto en el ámbito internacional cuanto en el nacional» (p. 88). «El milésimo superior (de la población del mundo) actualmente parece estar próxima a poseer el 20% del patrimonio total; el centésimo superior, cerca del 50% del patrimonio total; y el décimo superior, entre el 80 y el 90%; la mitad inferior de la población mundial posee, sin duda, menos del 5% del patrimonio total» (p. 482).

Los países ricos y pobres continúan distanciándose unos de otros, pero a menor velocidad. El gráfico 1.3 de Piketty muestra la desigualdad mundial de 1700 a 2012. Adoptando la media mundial como 100%, el hiato aproximado es de: 140%/90% (del PIB por habitante) en 1700; 220%/37% en 1950; 245%/45% en 1990, y 225%/61% en 2012 (p. 77).

 

Nicolau João Bakker

Diadema, SP, Brasil