Educando mediadores

Educando mediadores

Martín Valmaseda


La pirámide social no está levantada solamente con grandes piedras. Entre la cúpula de los potentes o prepotentes, y la base de los marginados o esclavizados… entre medio, está la gran masa de los callados, los pasivos y los conformistas. Entre medio, porque allí, además de los pasivos, se mueven otros dos tipos de personas: los intermediarios y los mediadores.

La sociedad de clases está plagada de intermediarios. Entre el productor y el consumidor pasa el producto deformado y encarecido. Decimos «el producto», que puede ser alimentos o información, ideas, técnica u otros medios de vida cultural, o simple consumo.

¿Pero hemos pensado que también en la religión existen intermediarios? Dentro del ambiente clerical, aparecen quienes se sitúan «entre medio», para que el mensaje o el sacramento llegue, encarecido o deformado. Aquellos de ustedes que tengan alguna responsabilidad de crear conciencia o estructura social en educación, información, mensaje espiritual, acción benéfica económica, acción organizativa… miren si en su labor en favor de las Grandes Causas pueden, en vez de aprovecharse como intermediarios, ser humildemente auténticos mediadores.

Para que la torre de Babel –levantada con bloques de clases sociales– se convierta en círculo de progreso humano democrático, no bastan las grandes luchas políticas, si no formamos militantes que se integren en las pequeñas campañas de colaboración, de comunicación de bienes, de formación, de conciencia. Ese «pueblo unido que jamás será vencido», no estará realmente unido sin una educación para la acción comunitaria. ¿Cuáles serían las acciones educativas, concienciadoras, que ayudarían a preparan mediadores para unir al pueblo? Deberíamos preparar: cooperativistas, traductores, críticos, desmasificadores, centros de acogida, cooperantes, publicistas, provocadores, humoristas…

Esta lista de servicios puede realizarse en una actitud de intermediarios, o de mediadores. Eso, tanto como educación formal, escolar, o en posibles sistemas de educación informal, dentro de asociaciones y comunidades. Demos un repaso a estos posibles actores que todo educador o animador de grupos puede ir formando en su misión pedagógica.

Cooperativistas (en el sentido más amplio de la palabra) que sepan arrimar el hombro en empresas comunitarias, iniciativas de grupos… Personas que renuncien al individualismo en su acción social. Cualquier educador puede trabajar con el grupo a su cargo animando iniciativas comunitarias. Es importante que el educador aproveche cualquier propuesta positiva en el conjunto de jóvenes para animar el diálogo, analizar las sugerencias y las posibles acciones. Se trata de ir formando creadores colectivos sin tener, en la punta de la lengua el «eso no se puede», «eso no hace falta».

Traductores: no de idiomas sino de conocimiento y lenguaje. Tanto en el campo teológico como social, político... hay un espacio vacío entre el especialista y el pueblo. Muchos temas necesitan explicación para personas que no se enfrentan con un libro de contenido ideológico por la cantidad de vocablos que no entienden. ¿Un ejemplo? No hace mucho tiempo ha empezado a dominar el lenguaje de periodistas, locutores o escritores la palabra «paradigma». Antes se hablaba de modelo, ejemplo, mentalidad colectiva… ¿Cuánta gente con la que hablamos normalmente entiende la expresión «paradigma»?

Necesitamos personas que escriban textos como puentes que lleguen, de los listos y documentados, al pueblo llano, porque, «como lo paga el vulgo, es justo / hablarle en necio para darle gusto» (Lope de Vega). Nosotros no lo proponemos para darle gusto, sino para que nos entiendan. En la sociedad hacen falta escritores, comentaristas, predicadores a quienes se les entienda todo. En ese camino van los documentos y homilías del actual papa Francisco.

Una labor provechosa de cualquier profesor de lengua es ayudar a enriquecer el vocabulario de los alumnos con palabras y expresiones inteligibles. Los maestros suelen cuidar de que los alumnos escriban sin faltas, al dictado, más que de la redacción personal. Tal vez influya en esos educadores que se ponga más atención en ser la voz de los sin voz, que en conseguir que los sin voz conquisten su propia voz.

Críticos: personas que sepan mirar por detrás del tapiz de lo que se dice, y descubran el doble juego que realizan muchos medios de comunicación. ¿Cuánta gente que se cree informada se da cuenta del origen de muchas noticias y de sus análisis en prensa o medios electrónicos? Se nos repite la frase: una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad, pero en la realidad diaria muchos jóvenes o mayores, incluso de mentalidad progresista, caen, víctimas de las grandes agencias multinacionales, al tener por verdad las noticias que dictan las grandes potencias. No se percatan de las mentiras que se nos repite constantemente. Uno de los modos de dar pasos hacia la conciencia crítica popular es ayudar a discernir de dónde vienen las noticias que cada día nos llueven en los medios. Los llamamos medios porque se meten como inter-mediarios, cuñas entre la realidad y los cerebros del pueblo

Desmasificadores: Podemos darnos cuenta de cómo es más sencillo organizar eventos que procesos. Los eventos: asambleas con mucho ruido, mucha gente, masa, mucho amplificador… poca claridad en sus propuestas, reacciones emotivas...; parecen más eficaces que los procesos, de grupos más reducidos, con mayor diálogo interno, análisis y más profundidad. Esas comunidades formativas, reflexivas, que se interrogan más y gritan menos, van más al fondo de la acción que las grandes asambleas en estadios y teatros. Piensen, educadores, hacia dónde se inclinan más ustedes y sus educandos.

Centros de acogida: Muchos de los grupos humanos que intentan transformar la realidad, se sienten faltos de «base de operaciones»: ¿dónde nos reunimos?, ¿dónde podremos realizar el taller?, ¿dónde organizaremos esas clases? La labor de instituciones educativas –iglesia incluida– puede ser muy eficaz con tantos locales que pueden poner al servicio de nuevas iniciativas en grupos sin poder.

Esto tiene hoy una fuerte aplicación en la acogida a los emigrantes. No sé cuál es la excepción que confirma la regla, si las diócesis y parroquias que se niegan a acoger a todo lo que no sean actos piadosos, o los centros sociales de puertas abiertas a todo lo humano y solidario aunque no sean religiosos.

Cooperantes económicos: impulsores de iniciativas por medio de préstamos, aunque sean a fondo perdido. Existen en la sociedad muchas propuestas que necesitan respaldo material o económico. No hablo de donaciones o préstamos millonarios, sino de apoyo a iniciativas que van formando pequeños círculos de acción y reflexión. Tiene esto que ver con lo dicho antes sobre «eventos frente a procesos». La gran tentación de algunas ONGs es buscar subvenciones para organizar grandes asambleas, con participación de prestigiosos gurús. Consiguen subvenciones con mayor facilidad que iniciativas más caseras, menos llamativas que, claro, ante fundaciones y gobiernos no tienen tanta aceptación.

Publicistas: que sepan, en pocas palabras y con lenguaje sencillo, dar a conocer aspectos de la situación actual y necesidades de la sociedad, en los pequeños ambientes de su barrio, su asociación...

«Los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz» –Lucas 16,8–. Podríamos decir, con expresión más agresiva, que necesitamos «provocadores» que siembren inquietud en el ambiente pasivo que les rodea. Ahí tienen un puesto clave los

Humoristas. Para algunos, el artículo de fondo del periódico no es el editorial, sino el chiste con carga social... Ahí tiene un puesto importante el humor, y Mafalda –del gran dibujante argentino Quino– sabe decir las cosas más clara y profundamente, y con menos palabras, que sesudos e inaccesibles textos. Tal vez seamos demasiado serios.

¿Cómo trabajamos en nuestros centros educativos, iglesias, asociaciones solidarias, para que se reaccione con una ironía que ponga en su sitio actitudes y estructuras rígidas e inmovilizantes? Afortunadamente no han desaparecido los humoristas y los filósofos que aflojan los tornillos de la sociedad y hacen posible cambiar piezas en la pirámide del poder. Esto puede llegar a ir desarmándolas y convirtiéndolas en círculo de humanidad participativa.

Todas éstas son «pequeñas» acciones en que nos podemos implicar todas las personas de buena voluntad, para construir ese otro mundo posible al servicio de las Grandes Causas que tanto amamos.

 

Martín Valmaseda

http://www.todos-uno.org/, Cobán, Guatemala