Derecho a vivir en paz y apuesta por el antimilitarismo

Derecho a vivir en paz y apuesta por el antimilitarismo
 

Elías Ruiz Virtus


Vivo con los últimos, con los de abajo. El que mira desde los pobres lo ve todo. Voy a escribir lo que veo.

Asesinatos continuos y con lujo de crueldad. No vienen a matarnos desde otros planetas. Nos matamos entre nosotros. Son nuestros jóvenes los que matan y los matados. Se juntan en pandillas, en maras. Son de la misma condición social, comparten la misma miseria, han ido a la misma escuela y son de calles contiguas. Hoy los de mi calle ponen un par de muertos y a los pocos días nuestros jóvenes matan a los de la calle de arriba para quedar empatados. No tenemos nada y nos robamos entre nosotros. Robamos pan al hambre. Se asalta y roba a la muchacha que viene con el mísero dinero de 15 días de esclavitud en una maquila. La mara pone impuesto –extorsión– a la pulpería que vende arroz y coca-cola, a los convecinos con quienes comparte sus míseras viviendas, las mismas dificultades para malcomer, la carencia de escuela y de espacios libres, la escasez de agua, de salud y de empleo. No tenemos vida. No tenemos paz.

Pablo Freire, en su Pedagogía del oprimido, nos dice que estamos tan mal porque estamos teniendo un mal modelo y seguimos un camino equivocado. El opresor se construye un inframundo con mucha inhumanidad y lo deja establecido como único modo de ser para todos. El oprimido introyecta este modelo y su aspiración es parecerse al opresor. Asume la tarea imposible y perversa de parecerse al rico. Expulsar el mal modelo que se le ha propuesto, que ha introyectado y al que aspira, es el primer paso hacia la vida. La propuesta de Freire hay que ampliarla para que las sociedades sean las protagonistas. El mal modelo es el estilo occidental de vida, que en lo económico se concreta en el capitalismo y se agrava en el capitalismo neoliberal de las últimas décadas. Dominar, tener más que el otro y a costa del otro y del planeta Tierra, nuestra madre. Nos es familiar la imagen de la Madre Tierra derramando lágrimas. Los humanos nos hemos convertido en un cáncer, un tumor que crece al margen del entorno del que es parte y que va al suicidio y a la muerte de sus más cercanos parientes. Este mal modelo que nos ha traído hasta aquí hay que sacarlo de nuestro horizonte.

Fruto de este mal caminar es la inequidad inimaginable que vivimos. Un pequeño grupo de gentes privilegiadas dispone de casi el 90% de los bienes de todos. El resto, el 80%, tienen que malvivir con poco más del 10%. El Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo dibujó en 1994 estos datos como una «Copa de Champán»* que hay que quebrar. Desde entonces, en lugar de disminuir, esta inequidad ha aumentado. La Agenda Latinoamericana’2013 decía: «Otra Economía es posible». A la economía del acaparar contraponía la economía del distribuir. Con el acaparamiento se crea paro, desempleo, indigencia, resentimiento, desesperanza, violencia entre los de abajo y entre los de arriba y males aún mayores: ceguera ante la realidad, corazones sin sentimientos, vida en cárceles de lujo. La inequidad nunca fue igual a la nuestra actual, ni tan extendida ni tan profunda.

¿Cómo salir de aquí? Hay un camino: la toma de conciencia. Carlos Marx nos dice: «las estructuras injustas se mantienen por la inconsciencia de los de abajo, el apoyo de las fuerzas ideológicas (escuelas e iglesias) y de las estructuras represivas (policía y ejército)». A la claridad meridiana del gráfico de la «Copa de Champán» del PNUD se une este fogonazo de luz de Carlos Marx. Abramos los ojos los de abajo. Somos mayoría. Destruyamos la copa, para bien de todos. Abramos los ojos los que formamos parte del sistema escolar y del tinglado religioso. Y ayudemos a que vean los de abajo, entre los que tenemos que estar. De ningún modo formemos parte de la minoría de arriba, ni nos dejemos seducir por sus aparentes bondades. No estamos para ser el opio del pueblo, sino para ser despertadores del pueblo. No estamos para ser el cauce de la llegada de las falsas bondades de los de arriba, con las que adormecer a las mayorías de abajo. Freire lo formuló así: «Las fuentes de las bondades manan agua contaminada con sudor, lágrimas, sangre y muerte de los de abajo».

Vamos a analizar, con la detención que permiten unas pocas líneas, la presencia y la función nefasta de las fuerzas represivas a las que se refiere Marx. Son el apoyo más visible para mantener el equilibrio circense de la «Copa de Champán». El apoyo de las fuerzas ideológicas (escuelas e iglesias) es más perverso, pero su presencia es necesaria y reorientable: su función es crear conciencia, no ser el opio del pueblo. La educación debe ser liberadora, y la religión debe ser de y para la liberación. Las fuerzas represivas, por el contrario, no son reorientables, son costosísimas, inútiles, moldes de perversión, y su única finalidad es sostener un orden injusto. En una sociedad correcta, sobran.

El mundo emplea en armas y en sus portadores cifras astronómicas: un millón de millones que, como los años luz, superan nuestra capacidad de imaginar. Sólo EEUU gasta al año $ 600 mil millones. Con 19 (miles de millones) se acabaría con el hambre, con 13 se daría educación, con 9 agua potable, y aún nos quedan cifras enormes para salud, vivienda… Si sumamos todas estas necesidades mundiales apenas llegamos a 50. ¿Cómo es posible que la estructura militar y sus cerebros gasten 600 para defender los privilegios de una minoría? Y lo peor es que todos los dirigentes de las estructuras militares de los demás pueblos de la Tierra siguen el mismo camino. América Latina incrementó los gastos militares un 50% en los 10 últimos años. Centroamérica y México, el año pasado, incrementaron el gasto militar un 7%. Los gastos militares no generan empleo, crecimiento, distribución, bienestar colectivo. No generan seguridad; todo lo más, miedo. Lo que generaría seguridad es la equidad, necesidades básicas satisfechas para todos, gobiernos que toman en serio la justicia equitativa y el Buen Vivir de todos. El armamentismo es absurdo.

De nuevo, acudamos a los sabios. ¿Qué nos dicen de las armas? «Las armas están hechas para la destrucción y los hombres sabios las evitan» (Lao Tse). Antes pasar hambre que ganarse la vida con un fusil. La profesión militar debe considerarse profesión a extinguir. Otro poeta y sabio, Isaías, soñaba el mundo sin armas: «Hoy comienza una nueva era: las armas se convierten en podaderas. De las lanzas se hacen arados y los oprimidos son liberados». Estos versos se cantan como canon infantil o mantra para repetir indefinidamente. Están cerca de nosotros las conductas de la no-violencia-activa de Gandhi, Martin L. King. Para nada se acercaron a un arma, y cambiaron el mundo. «El derecho de vivir en paz»: es el título de la última canción de Víctor Jara. Poco después fue asesinado por Pinochet.

Retomar el sueño de una vida sin espadas, y una humanidad, y cada país, sin cuarteles. Y los amplios espacios que ocupan, convertidos en jardines, parques, escuelas y centros para la vida. Soñar a sus gentes como jardineros, maestros, músicos, enfermeros... y los inmensos recursos para la muerte transferidos a satisfacer la totalidad de las necesidades de la humanidad. Hoy es posible.

Señores de las armas: caigan en la cuenta hacia quién apuntan. Uds. son todos de abajo. No disparen contra sus hermanos. San Romero de América se lo pidió, se lo suplicó, se lo ordenó. Tampoco disparen contra los de arriba. Con que no les sostengan es suficiente. Se vendrán abajo solitos.

El sueño americano, y el pegarse la gran vida de los europeos, como un nefasto autoengaño que les lleva a estrellarse contra un muro. Inyectémonos alergia contra ese mal estilo. Los artistas del pueblo lo hicieron en estas expresiones: «Pobrecito mi patrón, piensa que el pobre soy yo» (Facundo Cabral). O «Las casitas del barrio alto con rejas y antejardín, y una preciosa entrada de autos…» (Víctor Jara). O el designar a la Coca-cola como «Las aguas negras del imperio», como símbolo de la vida fatua. Ricardo Arjona ridiculiza los privilegios del Norte, con sus MacDonalds y rock’n roll: «Si el Norte fuera el Sur»...

El cambio nos debe llevar al Buen Vivir y Buen Convivir. Fue el título de la Agenda Latinoamericana’2012. Recuperar la armonía como personas, vivir en armonía con el contexto humano y gozar la comunión con la Madre Tierra, el cosmos del que formamos parte y el Misterio Último del que venimos, en que estamos y estaremos.

* Véase la Agenda Latinoamericana’1994; puede recogerse en latinoamericana.org/digital

 

Elías Ruiz Virtus

San Pedro Sula, Honduras